05 de julio de 2009
05.07.2009
Memorias de Mallorca: Gabriel Barceló Oliver (I)

"Aprendíamos sobre la marcha"

Gabriel Barceló Oliver nació en 1928 en es Carritxó, un llogaret de Felanitx de apenas 250 habitantes. Superados los 81 años dedica sus fuerzas y su inteligencia a la Fundación Barceló.

04.07.2009 | 22:59
Infancia
"Mi padre [Simó Barceló Obrador] era
un hombre alto, muy serio, muy exigente"

"El pasado 23 de mayo se celebró en Felanitx el 75 aniversario de la coronación de la Mare de Déu de San Salvador.
Este hecho reciente me ha devuelto uno de los recuerdos de mi niñez, allá por el año 1934, cuando en la fiesta de la Coronación se paseó por el pueblo una bonita carroza con la Virgen en la que iba mi hermana Francisca, que tenía algo más de dos años.
Otro recuerdo es el de mi madre que me encargaba el cuidado de mi hermana pequeña Antònia, a la que yo acto seguido entregaba a la primera persona conocida para irme con mis amigos a jugar a bolles.
Después ya tengo que irme a los 10 años, cuando acabé los estudios en el colegio de San Alfonso de los padres teatinos de Felanitx. Como no impartían el bachillerato cursé el ingreso en la escuela de la congregación en Palma. Viajé a la capital por primera vez y un buen amigo que he conservado, Tomeu Bou de Pollença, me guio desde la plaza de España, donde paraba el autocar de Felanitx, por las calles Oms, Jardí Botànic y Protectora hasta la calle del Vi, donde estaba el colegio de los teatinos.
Entre mis maestros recuerdo a sor Joana del colegio de las Trinitarias, donde con cuatro o cinco años aprendí las primeres lletres. Era muy dura, con mucha personalidad, pero siempre nos quiso mucho y mantuvimos la relación cuando se fue a Binissalem. También recuerdo muy bien al padre Jaume Durán y al padre Pep Moll, que estaban en el colegio de San Alfonso. Moll se fue a México y en uno de mis viajes como empresario fui a visitarle.
Mi padre [Simó Barceló Obrador] era un hombre alto, muy serio, muy exigente, cumplidor de sus compromisos... Básicamente eso fue lo que aprendimos de él y creo que es lo que he transmitido a través de mi vida. Era hombre de pocas palabras, pero si alguna vez nos costaba levantarnos a las seis de la mañana, con un grito lograba que saliéramos inmediatamente de la cama.
Trabajaba para que sobreviviera la pequeña empresa de autocares que creó [en 1931 había comprado el primero]. Durante la Guerra Civil paralizaron la actividad, le requisaron los vehículos y se los devolvieron hechos polvo".


Trabajo
"Repartíamos la mercancía traída de
Felanitx por las casas de Palma"

"A los once años, más o menos en 1939, comencé a trabajar con mi padre. En esta época tenía cuatro autocares, que habían tenido que parar por la escasez de gasolina. Entonces inventó un trabajo de recadero. Cada mañana viajábamos los dos desde Felanitx a Palma en tren. Mi padre había alquilado un carro y su caballo, que era de carreras y competía en el hipódromo de Bons Aires. El conductor se llamaba Toni y era de Banyalbufar. Repartíamos la mercancía traída de Felanitx por las casas de Palma. Al mismo tiempo recogíamos las pocas cosas que transportábamos desde la capital al pueblo. Básicamente se trataba de comestibles. Recuerdo muy bien las cajas redondas de madera con sardinas o fardos de vencisos que usaban los payeses.
El tren salía a las siete, en invierno era completamente de noche. Nunca sabíamos a qué hora llegaría a Palma, a veces eran las diez o las once. Hacíamos el reparto deprisa y a las dos de la tarde estábamos en el vagón del tren con todo lo recogido. Cuando llegábamos a Felanitx, mi hermano y yo repartíamos la carga transportada desde Palma.
Después de la época de recadero, a los 16 años, a mi padre se le ocurrió montar un bar en la casa de Felanitx donde vivíamos. En 1944 abrió el Oriente, en la plaza de s´Arraval, supongo que para ayudar a pagar la casa que estaba comprando a plazos. El bar lo llevaban mi madre y mis hermanas. Mi hermano y yo ayudábamos como barmans, al mismo tiempo que seguíamos con mi padre en el transporte".


Conductor sin carné
"A los 17 años comencé a conducir los autocares"

"Comenzamos a conducir un Citröen cinco caballos con el que llevábamos el servicio de correo desde la estación de Felanitx a la estafeta. Recogíamos al funcionario que venía en el tren, las cartas y los paquetes. Muy pronto, a los 17 años, comencé a conducir los autocares.
A los 18 me presenté voluntario para el servicio militar con el objetivo de quedarme en Palma. Hice el periodo de instrucción en un cuartel que estaba frente a la pista del aeropuerto de Son Sant Joan. Iba con el tranvía hasta el Coll den Rabassa y desde allí caminaba hasta el cuartel. Después estuve en el Regimiento de Artillería, en la calle del Mar. Teníamos una buena relación familiar con el comandante Obrador, que era de Felanitx, y fui su asistente. Allí aprendí a escribir a máquina con dos dedos y a redactar una instancia. En los tres años que estuve en el Ejército seguí ayudando en la empresa familiar. Por la mañana estaba en el cuartel y por la tarde en el trabajo".

Felanitx
"Cuando Guillem Timoner triunfaba,
en el pueblo había una euforia total"

"En un momento determinado, en Felanitx ha habido una coincidencia de personalidades destacadas [Joan Estelrich, Miquel Bauçà, Nadal Batle, Guillem Timoner, Miquel Barceló...] y Arnesto Mestre, que aunque menos conocido, es quien recuperó la viña en Mallorca y creó la cooperativa, que hoy está lastimosamente abandonada. Son simples circunstancias, todos los pueblos dan personalidades destacadas.
Cuando Guillem Timoner triunfaba había una euforia total. En sus inicios llevábamos autocares de felanitxers a las carreras del velódromo de Campos o a Tirador. Y cuando ganó su primer campeonato del mundo en 1955 una caravana de autocares, yo conducía uno de ellos, le acompañó desde Palma a Felanitx".
Primeros turistas
"Era un turista culto que se interesaba por los
aspectos sociales, históricos o culturales"

"A los 21 años volví a mi puesto de conductor y entonces tuve el primer contacto con el turismo. En 1949 o 1950 se reinició la actividad turística interrumpida por la Guerra Civil. Los primeros visitantes eran parejas de novios catalanas y turistas franceses. Los franceses llegaban en un barco que cubría la línea entre Marsella y Palma. Nosotros comenzamos a llevarles de excusión a las cuevas del Drac, a Formentor y a Valldemossa y Sóller.
También montábamos excursiones con mallorquines. Los domingos comenzamos a descubrir o redescubrir la isla. Eran tan sencillas como llegar hasta Cala Fornells a pasar el día con grupos de familiares y amigos. Se bañaban y comían debajo de un pino. También había visitas marianas a Lluc o a Sant Salvador.
La guerra acabó en Europa en mayo de 1945 y tres años después ya existía una incipiente actividad turística. Poco después, en torno a 1953, comenzaron los primeros cruceros turísticos. Eran unos cinco o seis en todo el verano. Algunos quedaban fondeados en medio de la Bahía porque solo podían atracar en el Moll de la Riba y ya estaba completo o no había calado suficiente. Los viajeros llegaban en barcazas a la lonja.
Aquel era un turista más aventurero, sin problemas para afrontar dificultades. Si el autocar se paraba, algo muy frecuente en la época, acompañaba al chófer o al mecánico y si tenía que esperar una o dos horas, contemplaba el panorama. Era un turista culto que se interesaba por todos los aspectos sociales, históricos, culturales o geográficos del país. Intentaba asimilarlo y vivirlo de la mejor manera posible".


La agencia de viajes
"Cuando hablaba de Ultramar Express a los
hoteleros me preguntaban "i això què és?"

"En 1954, por una de esas cosas que yo califico de sorprendentes por no decir trascendentes, mi padre conoció en Barcelona a una persona que estaba interesada en montar una agencia de viajes en Palma. Cuando regresó, me habló del asunto. Yo le dije que era una propuesta muy interesante para completar y mejorar nuestra actividad de transporte. Mi padre era un hombre sin formación, pero intuitivo e inteligente y me responsabilizó a mí: "Es tu problema".
En febrero de 1954 abrimos la primera agencia de viajes en la calle Enrique Alzamora. Ultramar Express era una delegación de la compañía fundada por el Conde de Ruiseñada [Juan Claudio Güell y Churruca 1905-1958].
Así nació el primer proceso de diversificación de nuestra actividad empresarial. Yo pasé a dedicarme a la agencia de viajes y mi hermano Sebastián ayudaba a nuestro padre en el transporte [Simón Barceló Obrador, murió de forma prematura en 1958].
Para aprender cómo funcionaba una agencia pasé unos días en Barcelona, no recuerdo que fuese más de una semana. Me facilitaron unos impresos, me explicaron cómo se hacía un billete de avión, cómo se contactaba con la Trasmediterránea, cómo se reservaba un hotel... Con eso y poco más comencé la actividad. Contacté con hoteleros y cuando les hablaba de Ultramar Express me preguntaban: "I això què és?".
Para conseguir plazas de avión nos desplazábamos a las oficinas de Iberia, que estaban frente al Gobierno Civil. Había que hacer cola porque era obligatorio acudir personalmente. Teníamos una o dos líneas de teléfono que se colapsaban con frecuencia, para contactar con un hotel estabas una hora. En 50 años ha sido casi como pasar de la edad de piedra a la era espacial.
Al principio recibíamos a las parejas de novios con un coche en el aeropuerto o en el puerto. Venían para una semana y hacían dos o tres excursiones. Después comenzamos a tener una cartera de clientes locales a los que emitíamos un billete a Barcelona o Madrid y, raramente, a Londres o París. Bea, comenzó a operar el Londres-Palma y Air France, el París-Palma.
En la agencia de viajes contratamos a dos o tres personas. Una mujer austriaca era secretaria y atendía al público. La contratamos porque hablaba dos o tres idiomas. Un joven de Esporles era el chico para todo, recibía a los turistas y les atendía si venían a la oficina. Contratamos a un ex jugador del Mallorca, que se llamaba Mateu, porque hablaba francés... y pocos más".

Los primeros chárter
"Cada turista llegaba con un sobre que les había facilitado la agencia con pesetas para pagar"

"En 1958 llegaron los primeros vuelos chárter. Así comenzamos nuestra relación con el mercado inglés a través de una compañía que se llamaba Sir Henry Lunn.
En aquella época existía un estricto control de divisas y estaba permitido viajar con una cantidad limitada de pesetas, unas diez o quince mil. Con esos primeros turistas iba personalmente al aeropuerto, a veces a las dos o las tres de la madrugada. Cada turista llegaba con un sobre que les había facilitado la agencia con pesetas. Las usaban para pagar los servicios que les dábamos sin sufrir los problemas del cambio de divisas existentes en aquellos momentos.
El avión, un Viking de 36 plazas que desde Londres tenía que hacer escala en Lyon porque no tenía autonomía suficiente, aterrizaba y yo recogía los 36 sobres con una cifra que debía rondar las 100.000 o 200.000 pesetas y al día siguiente las ingresaba en el banco. En Son Bonet pasaban horas antes de que llegase otro vuelo".


Hotelero
"Habíamos construido el Hotel Latino en ocho
meses sin tener ni idea de cómo se hacía"

"En 1962 construimos el primer hotel. Tiene su pequeña historia. En aquel momento trabajaba con nosotros un canadiense que se llamaba mister Bignell, era mayor que yo, una bellísima persona, un gran viajero que no sé por que circunstancias vino a vivir a Mallorca. Conoció a uno de nuestros trabajadores y comenzó a asesorarnos. Solo durante una breve temporada fue empleado. Me consideraba un hijo, me aconsejaba y era muy educado.
Mister Bignell había comprado un terreno en Las Maravillas y había decidido levantar un chalé con nuestra empresa de construcciones, que había comenzado su actividad en torno a 1958 para edificar el garaje de autocares de la calle Pérez Galdós. Un día resultó que no teníamos las camas que nos solicitaba el tour operador. Debía ser junio o julio de 1961.
Hablé con mi hermano para construir un hotel. En dos o tres días llegamos a un acuerdo con el señor Bignell. Estaba a punto de estrenar su chalé y nosotros lo tiramos y construimos el hotel Latino con 60 habitaciones. En mayo de 1962 entraron los primeros clientes de un hotel que habíamos construido en ocho meses sin tener ni idea de cómo se hacía.
Aprendíamos sobre la marcha. Mi hermano contrató a un cocinero que había conocido en el servicio militar, era el cocinero del cuartel.
Simultáneamente tuvimos otros hoteles en alquiler como el Ánfora en Can Pastilla o el Vista Azul en Cala Millor.
En 1964 decidimos abrir el Pueblo. Fue una innovación turística porque no construimos en primera línea, fuimos a la tercera. Llegamos a un acuerdo con el propietario del terreno, Francisco Camps, porque no teníamos recursos. También el tour operador adelantó dinero, algo que en aquella época era frecuente, y firmamos un crédito bancario.
Fue un hotel planificado en horizontal. En aquel momento pensamos en lo que hoy se llama resort, con grandes espacios verdes, con muchos servicios. Tenía una estrella y nació con una discoteca, tiendas, supermercado, peluquería, dos piscinas –entonces no eran frecuente– y todas las habitaciones tenían baño, lo que tampoco era habitual. Fue el más grande de España, con 400 habitaciones, y supuso nuestra mayoría de edad en el campo hotelero.
Entonces ya teníamos una bicefalia: transporte y construcción los llevaba mi hermano; yo dirigía las agencias de viajes y los hoteles".


Los otros pioneros
"Se hacían las cosas como buenamente
se podía y cada uno en su casa"

"Los primeros cinco o seis años cada uno iba por su cuenta [los Barceló, los Escarrer, los Riu...]. Se hacían las cosas como buenamente se podía y cada uno en su casa. No soy consciente de haber conocido ni a Gabriel Escarrer ni a Joan Riu, abuelo de los actuales, ni a Miquel Fluxà hasta finales de los años 60. La impresión que tengo es que el primero al que conocí es Fluxà porque coincidíamos en el negocio de las agencias de viajes y participábamos en los sindicatos verticales de la época. Después contacté con Escarrer porque a la vez eramos competidores y clientes a través de la agencia de viajes. A Joan Riu le conocí cuando acudió a mí, preocupado porque se proyectaba la carretera de la Platja de Palma y temía que las obras acabaran con el turismo.
En los sindicatos verticales participaba en las reuniones de Madrid y conocí a Enrique Marsans, fundador de Viajes Marsans, a José Meliá, a Benjamín Martín Pelayo, de Viajes Vincit... Con ellos establecí una relación muy cordial. Mi modelo era don José Meliá que había recorrido más o menos el mismo camino que nosotros, pero antes y de forma más amplia. Comenzó con una empresa agrícola de naranjas, siguió con transportes, montó la agencia de viajes y acabó con la hostelería Meliá".

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