Pese a los intentos del nuevo staff de UM desde el sábado para quitar hierro al 25% de los votos en blanco en su elección, en los corrillos del congreso y en la posterior cena de clausura fue el tema estrella.

La única lista para optar al relevo de Maria Antònia Munar obtuvo 226 votos a favor y 73 en blanco, un porcentaje que se considera elevado teniendo en cuenta que se presentaba una candidatura unitaria, forzada para integrar a las tres corrientes en liza del partido.

Al no poder votar en contra de la candidatura encabezada por Miquel Nadal, junto a otras 69 personas que integran la nueva ejecutiva y el consejo político, la papeleta en blanco que depositaron uno de cada cuatro afiliados se traduce en un claro voto de castigo que ya ha dado pie a múltiples interpretaciones. Al contrario que en 2003, donde el llamado sector crítico hizo campaña del voto en blanco como respuesta a la postura oficialista, en este congreso nadie abanderó oficialmente dicha alternativa. Sin embargo, ha trascendido que la antigua cúpula que hasta ahora dirigía el partido promovió en los últimos días, a través del boca a boca, y la misma noche antes del congreso, por vía telefónica, el voto en blanco entre sus afines.

Muy ´críticos´ y tercera vía

Fue durante el congreso, e incluso minutos antes de la votación de la lista, cuando algunos miembros de la nueva ejecutiva se apercibieron de que había compromisarios dispuestos a darles un voto de castigo, empezando una contracampaña in extremis, que aun así no pudo evitar el resultado final. "Yo quería votar en blanco, pero me convencieron para que no lo hiciera, porque habría demasiados", explicaba ayer uno de los ´afectados´.

Entre este 25% disconforme se hallan mayoritariamente afines a la llamada tercera vía, miembros del partido que han quedado fuera del nuevo organigrama de mando. Y es que en esta nueva etapa se ha ´jubilado´ de la primera línea -si bien en algunos casos voluntariamente- a históricos como Josep Lliteres, Bartomeu Vicens, Isidre Cañellas, Damià Nicolau o Francesc Buils, por citar a algunos. El propio Nadal atribuyó el sábado a la "legítima discrepancia de gente que ahora no está en el nuevo equipo" la significativa ´abstención´, sin darle mayor importancia.

Otros que han expresado su rechazo a la nueva cúpula son miembros más ´radicales´ del sector crítico, que pese al apoyo explícito de su líder Miquel Ferrer al nuevo presidente, no aceptan a Nadal para el cargo. En tercer lugar, y por las informaciones recabadas por este diario, las papeletas en blanco significan un claro rechazo a cómo se ha engendrado la nueva ejecutiva, en base al reparto de cuotas de poder, y no con las personas más preparadas, a decir de algunos.

Incluso ha trascendido que miembros de la nueva ejecutiva no se votaron a sí mismos, por solidaridad con sus amigos excluidos, mientras los partidarios de Nadal fueron los más leales.