Tras su renuncia al acta de diputado en el Congreso al socialista Francesc Antich sólo le quedan dos opciones: presidir el Govern o liderar la oposición. "Hago todos los esfuerzos para liderar un Govern progresista de mayoría socialista", aseguró ayer Antich en la sede del PSIB-PSOE, donde se observa más optimismo que la de sus adversarios populares. "He renunciado al escaño porque dije que lo haría al decidir presentarme a las elecciones autonómicas. Era una decisión ya tomada", sostiene Antich. Sin embargo, en el foro político hay quienes ven en el abandono del Congreso un claro síntoma de que la tendencia del pacto está hoy por hoy más próximo a la izquierda que a la derecha.

El escaño que abandona Antich en Madrid será, en principio, ocupado por el menorquín Alberto Moragues, quien concurrió a las como número siete de la lista socialista en las pasadas elecciones generales en las que PP y PSOE empataron al adjudicarse cada uno cuatro de los ocho escaños en juego sin dar ninguna opción al resto de formaciones.

Aunque la entrada de Moragues "no está cerrada al cien por cien", se da por segura. Esta opción obliga a efectuar dos renuncias, las del número cinco y seis de la lista al Congreso. El número cinco, Bartomeu Llinàs, tiene previsto desplazarse hoy a Madrid para formalizar el papeleo, ya que se quedará como número siete en el Parlament. También se cuenta con la renuncia de Miriam Muñoz, que se presentó como número once de en la lista de Aina Calvo al ayuntamiento de Palma y ha conseguido entrar. Aunque ambos puestos son compatibles, parece que la regidora se concentrará en su trabajo municipal.

Discreción en los contactos

A diferencia de otros compañeros de filas, Antich no da nada por hecho y considera fundamental "la discreción en los contactos". El líder socialista no quiere que se vuelvan a repetir las escenas de luz y taquígrafos vividas en 1999, cuando los medios de comunicación aguardaban la salida de los políticos de las reuniones multipartitas que precedieron al Pacto de Progreso autonómico. La presión mediática, en su opinión, obligaba a fijar posiciones duras y rígidas a los diferentes partidos que dificultaban el avance de las negociaciones.

En las filas del Bloc también se aboga por la discreción y la no visualización de los contactos, donde los socialistas llevan la batuta de la izquierda.