La batalla del campo, entre un sector empresarial afín al PP y el propio Govern, vuelve a saltar por obra y gracia de la consellera Moner. Fue una guerra cerrada en falso y sin visos de solución que se ha mantenido incubando un año y a la más mínima ha estallado. El último conato acabó con la dimisión/cese de un conseller y es que Moner no ha cogido el toro por los cuernos y sentado a los grupos enfrentados. ¿Tendrá algo que ver en toda esta historia el apoyo de Fontanet al pacto de progreso en Prilac?