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Dry Martini, el cóctel favorito de Rafa Martín (Brassclub)

El fundador de Brassclub reivindica la vigencia de un clásico centenario que combina elegancia, técnica y personalidad.

Dry Martini, el cóctel favorito de Rafa Martín (Brassclub)

Ana Martínez

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«Puedes saber muchas cosas de una persona por el cóctel que pide». Rafa Martín lo tiene claro. Y si alguien se acerca a una barra y pide un Dry Martini, suele imaginar a una persona curiosa, con cierta cultura gastronómica y dispuesta a enfrentarse a una bebida que no hace concesiones. No es casualidad que este clásico centenario sea también el cóctel favorito del fundador de Brassclub.

Su fama ha trascendido generaciones. Aparece en novelas, películas y series de televisión y sigue ocupando un lugar privilegiado en las barras de todo el mundo. Sin embargo, para Martín, su valor va mucho más allá de la leyenda. «Es un cóctel que, aunque pasen los años, nunca pasa de moda. Sigue pidiéndose igual que hace décadas».

Dos ingredientes y una precisión milimétrica

El Dry Martini es uno de esos cócteles que parecen sencillos hasta que uno intenta prepararlos. Sobre el papel, la receta apenas requiere ginebra y vermut seco. En la práctica, cada detalle influye en el resultado final.

«Es probablemente el cóctel más fácil de explicar y uno de los más difíciles de hacer», asegura Martín.

La temperatura de la ginebra, el frío de la copa, la calidad del vermut, el tiempo de mezclado o incluso la aceituna elegida para el servicio pueden marcar la diferencia entre una copa correcta y una memorable.

En Brassclub trabajan una versión muy cercana a la escuela clásica.

«Nos gusta trabajar un Dry Martini muy seco. Aromatizamos el vaso mezclador con vermut y después lo retiramos. Así queda únicamente ese recuerdo aromático que caracteriza a las versiones más clásicas».

Después llega la ginebra, que se remueve suavemente con hielo durante unos segundos antes de servirse en una copa helada y sin hielo. El resultado debe ser limpio, brillante y cristalino. Para los más observadores existe incluso una señal inequívoca de que está bien ejecutado: esos ligeros hilos que aparecen en la superficie, fruto de la mínima presencia del vermut.

Como remate, una piel de limón libera sus aceites esenciales sobre la copa y una aceituna manzanilla con hueso acompaña el servicio. «La aceituna es para el final. Cuando ha absorbido todos los aromas del cóctel se convierte en el punto y final perfecto», explica.

Un ritual que trasciende la moda

Aunque hoy la coctelería vive un momento de creatividad constante, con elaboraciones complejas, técnicas de cocina y presentaciones espectaculares, el Dry Martini sigue ocupando un lugar privilegiado.

Su historia está llena de referencias culturales. Desde presidentes estadounidenses hasta escritores, pasando por el universo cinematográfico de James Bond, pocas bebidas han construido una identidad tan reconocible. «Es uno de los cócteles más importantes a nivel histórico», apunta Martín.

También es una bebida rodeada de rituales. Hay clientes que solo lo toman en la barra. Otros tienen sus propias normas sobre la cantidad de vermut, el tipo de aceituna o la temperatura exacta del servicio.

«Cuando alguien lo pide por primera vez solemos preguntarle si ya lo ha probado», comenta. No es una cuestión menor. Su perfil seco, intenso y eminentemente alcohólico puede sorprender a quienes esperan algo más amable o afrutado.

Un clásico con infinitas versiones

Como ocurre con todas las grandes recetas, el Dry Martini ha dado lugar a múltiples interpretaciones. Algunos prefieren incorporar una mayor proporción de vermut. Otros sustituyen la aceituna por una cebollita encurtida, dando lugar al conocido Gibson.

Entre las variantes más populares también se encuentra el Dirty Martini, especialmente apreciado en Estados Unidos, que incorpora parte de la salmuera de las aceitunas para aportar un carácter más salino. También existen versiones elaboradas con vodka en lugar de ginebra o preparadas en coctelera, siguiendo la célebre petición de James Bond: "agitado, no removido".

Sin embargo, para los puristas, la esencia permanece inalterable. Ginebra, vermut seco, frío extremo y una ejecución impecable.

El valor de los clásicos

Cuando Brassclub abrió sus puertas hace trece años, Rafa Martín no imaginaba que el Dry Martini acabaría convirtiéndose en uno de los cócteles más solicitados de la casa. Sin embargo, el tiempo ha demostrado que algunos clásicos son inmunes a las modas.

Mientras nuevas tendencias aparecen cada temporada, esta copa elegante y aparentemente sencilla sigue conquistando a generaciones de consumidores.

«Es un cóctel icónico, elegante y fino», resume Martín.

Tres palabras que explican por qué, más de un siglo después de su creación, el Dry Martini sigue siendo una de las grandes leyendas de la coctelería mundial.

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