Reportaje
Terranostra, cinco años demostrando que otra forma de comprar sí es posible
El primer y único supermercado cooperativo de Mallorca cumple cinco años consolidado como una alternativa real al consumo convencional, basada en el producto local, la participación de sus socios y el vínculo directo con la tierra y los productores.

Miembros de la cooperativa Terranostra / Archivo de Terranostra
Cumplir cinco años nunca es poca cosa. Menos aún cuando lo que se celebra es la supervivencia de un negocio y la consolidación de una idea. Terranostra, el primer y único supermercado cooperativo de Mallorca, lleva un lustro demostrando que comprar puede ser algo más que un gesto automático, rápido y desarraigado. Que también puede ser una forma de cuidar el territorio, de sostener a los productores y de devolverle sentido a algo tan cotidiano como hacer la compra.
Terranostra nació como alternativa real al supermercado convencional y, al mismo tiempo, para tejer un vínculo más estrecho entre consumidores, productores y la tierra, nuestra tierra. Aquí el producto local y ecológico funciona como parte de una filosofía que entiende la alimentación como una cadena de relaciones humanas, económicas y culturales.
En un tiempo en el que casi todo invita a consumir sin mirar, Terranostra invita precisamente a lo contrario: a saber de dónde vienen las cosas, quién las cultiva, qué precio justo merecen y qué modelo de isla estamos sosteniendo con cada compra.
Cinco años después, su mayor logro quizá sea ese: haber demostrado que otra forma de abastecerse, más consciente, más cercana y más justa, no sólo era imaginable, sino perfectamente real.
¿Cómo nació la cooperativa?
La historia de Terranostra empezó bastante antes de que subiera la persiana. Entre 2018 y 2019, la semilla surgió a partir de la proyección en CineCiutat de un documental sobre una iniciativa similar en Berlín. De esas imágenes, de aquellas conversaciones y de una intuición compartida nació una pregunta que fue creciendo poco a poco: ¿y si aquí también pudiera existir un supermercado cooperativo, construido desde abajo y capaz de transformar la forma de consumir? Pasaron dos años desde aquel primer impacto hasta que el proyecto abrió sus puertas. Lo que había empezado como una posibilidad se convirtió en una estructura real, sostenida por personas que no solo querían comprar de otra manera, sino implicarse en hacerla posible.
Desde el principio, la lógica fue clara. Terranostra debía ser más que una tienda, debía ser una herramienta colectiva. El supermercado echó a andar con tres socios trabajadores encargados de las tareas del día a día: gestionar comandas, mantener el contacto con proveedores, recibir mercancía, reponer producto. Pero alrededor de esa estructura básica se organizó desde muy pronto una red mucho más amplia de participación. El proyecto funciona mediante comisiones —de producto, económica, legal, acogida y comunicación, entre otras— que se reúnen periódicamente y permanecen abiertas a la implicación de los socios. La asamblea anual marca las grandes líneas, pero la vida del supermercado se sostiene también en ese trabajo más pequeño, más constante y quizá menos visible, que hace posible que la maquinaria no se detenga.
¿Cómo funcionan los socios en Terranostra?
Para formar parte de Terranostra hay que aportar un capital social de 100 euros —recuperables si se deja de ser socio— y asumir un compromiso de voluntariado de 2,5 horas al mes. Además de pagar una cuota simbólica, se trata de implicarse en una estructura que se entiende como propia. A cambio, los socios participan activamente en el funcionamiento del proyecto y disfrutan de un 25% de descuento en cada compra. Hoy el supermercado cuenta con alrededor de 600 socios, una cifra que empieza a hablar de consolidación. Según informaciones publicadas con motivo de su quinto aniversario, Terranostra alcanzó en 2025 esos 600 socios y superó los 75 proveedores locales, afianzando un modelo que había ido creciendo de forma sostenida desde su apertura.
Esa combinación entre estructura profesional y base social activa es una de las claves del proyecto. También lo es su manera de decidir qué productos entran y cuáles no. En Terranostra existe un baremo claro, sostenido sobre tres principios: primero, priorizar aquello que está hecho en Mallorca o, al menos, elaborado con ingredientes de aquí y, a poder ser, ecológicos; segundo, si el producto viene de fuera, que sea ecológico; y tercero, si no existe opción ecológica ni hecha en Mallorca, que al menos proceda de un circuito ecológico o de comercio justo.
Los productos se seleccionan a partir de las necesidades reales de quienes usan el supermercado. ¿Cómo? Son los propios socios quienes plantean qué echan en falta, qué les gustaría encontrar y qué haría más útil y completa la compra cotidiana. A partir de ahí, la comisión correspondiente busca alternativas. El resultado es una especie de supermercado a medida de sus socios.
Una manera diferente de comprar y de interactuar
El vínculo con la tierra es el corazón del proyecto. Una de las grandes diferencias de Terranostra respecto al supermercado convencional es la relación directa con los productores. Allí no se compra un queso, una lechuga o un yogur. Se compra el queso de Miquel, la lechuga de Francisca y el yogur de Catalina. Los proveedores van, hablan, explican y visitan el espacio.
El nacimiento y supervivencia de Terranostra es una manera también de reforzar un tejido económico y agrícola que demasiadas veces queda arrinconado por las dinámicas de la gran distribución. La filosofía del proyecto insiste en eso: productor y consumidor deben mantener una relación estrecha para saber quién hay detrás de lo que consumimos. Dicho de otra manera, comprar deja de ser un acto ciego. Y eso, en los tiempos que corren, tiene algo casi subversivo.
José Miguel Tortosa, socio desde los inicios del proyecto, nos cuenta que la interacción dentro de Terranostra también se aleja de la lógica impersonal del supermercado habitual.
La gente habla. Pregunta. Interactúa. Hay otro ritmo y otra personalidad. El proyecto es nuestro, aunque no en un sentido de posesión, más bien en el sentido de un proyecto compartido.
En el horizonte inmediato,la ambición más sensata y más difícil: mantenerse, consolidarse y seguir creciendo sin traicionarse. Ese parece ser el gran objetivo de los próximos cinco años. Haber cumplido el lustro ya es, para quienes forman parte del proyecto, motivo de satisfacción.
¿Cómo puedo colaborar?
Puedes ir a visitarles a Terranostra, en Carrer d'Alfons el Magnànim, 24. O hacer socio desde el siguiente formulario.
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