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Gastronews

¿Qué pedimos en... Bar Taxi?

Melosa, sabrosa y ya casi legendaria: así es la tortilla que ha hecho del Bar Taxi uno de los grandes templos de Palma.

Tortilla de patatas del Bar Taxi

Tortilla de patatas del Bar Taxi / Ana Martínez

Una de las grandes películas del cine español —dirigida por un director tan talentoso como cancelado, Carlos Vermut— lanza una premisa que rezuma una verdad enquistada: España es un país en eterno conflicto ya que no tenemos claro si somos un país racional o emocional, una sociedad que lucha a brazo partido entre el instinto y la técnica, la emoción y la razón. Sin embargo, sólo hay algo capaz de desatar nuestras más bajas pulsiones, nuestros deseos más oscuros y nuestra vena más belicosa, algo que consigue inclinar la balanza del lado de la pasión y olvidarnos de cualquier atisbo de decoro: la tortilla de patatas.

En un país que ha sobrevivido a conflictos de toda índole, la verdadera línea divisoria sigue siendo la misma desde hace décadas: cómo comer la tortilla de patatas, ese plato que, en el fondo, funciona como un espejo de nuestro país. Aparentemente sencillo, pero lleno de matices; humilde en ingredientes, pero capaz de dividir toda una sociedad. Cada casa tiene su receta, cada bar su secreto, cada cliente su dogma. La tortilla de patata elevada a liturgia.

Por eso, cuando aparece una tortilla extraordinaria —una de esas que justifican peregrinaciones y esperas— la sociedad entera parece alcanzar el éxtasis y dar por concluido cualquier atisbo de discusión. En Palma, un bar de barrio con más de medio siglo de historia, el Bar Taxi, lo consigue.

Hoy, uno de los grandes emblemas del local es su tortilla de patata. Cuando los actuales propietarios tomaron el relevo, hace casi una década, tenían claro el referente: la tortilla de La Tita, en Santiago de Compostela. Para intentar reproducirla enviaron a su cocinera, Marta, a Galicia. Tras tres días de pruebas y más de 80 tortillas, dio con la tecla: patata gallega, huevo campero y muchísimo cariño.

El resultado es la tortilla de patatas perfecta para propios y extraños: untuosa, sabrosa, melosa y con el punto del huevo perfecto. Tan buena, tanto, que hasta la eterna discusión sobre si lleva cebolla o no pasa a un segundo plano.

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