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Lo más importante del vino no se ve

En Tainna Negre saben que la calidad del vino no empieza en la bodega. Empieza mucho antes. Empieza bajo nuestros pies.

Tianna Negre cuida la tierra para que la tierra pueda seguir dando.

Tianna Negre cuida la tierra para que la tierra pueda seguir dando. / .

Jaume Vidal Fàbregues

Cuando alguien viene a la bodega, casi siempre mira lo mismo: las barricas, las ánforas, los depósitos. Es normal. Es lo visible. Pero pocas veces alguien se fija en lo que pasa entre las filas de viña. Y, sinceramente, ahí es donde empieza todo.

En Tianna Negre hace tiempo que decidimos que el viñedo no podía estar “limpio” en el sentido tradicional. No queríamos tierra desnuda. Entre cepa y cepa plantamos leguminosas y otras cubiertas vegetales. No es algo estético. Es trabajo de suelo.

Las leguminosas fijan nitrógeno. Dicho de forma sencilla: ayudan a fertilizar de manera natural. Cuando las incorporamos como abono verde, aumentamos la materia orgánica y activamos la vida del suelo. Y eso, aunque no se vea, cambia muchas cosas.

Cada año es más evidente que el clima aprieta. Más calor, menos agua, más extremos. Un suelo con más materia orgánica retiene mejor la humedad, sufre menos con las altas temperaturas y responde mejor en momentos de estrés. La cepa lo nota. Y nosotros también.

Un suelo con más materia orgánica retiene mejor la humedad, sufre menos con las altas temperaturas y responde mejor en momentos de estrés.

Un suelo con más materia orgánica retiene mejor la humedad, sufre menos con las altas temperaturas y responde mejor en momentos de estrés. / Tianna Negre

Durante mucho tiempo se buscó la imagen de la viña perfectamente limpia, sin hierba, sin competencia. Hoy sabemos que esa limpieza muchas veces era empobrecimiento. Un suelo vivo, con diversidad, es un suelo más equilibrado.

Al final, la calidad del vino no empieza en la bodega. Empieza mucho antes. Empieza bajo nuestros pies.

Cuando hablamos de identidad o de variedades autóctonas, está bien. Es importante. Pero si el suelo no está sano, todo lo demás pierde fuerza. La viticultura ecológica, al menos para nosotros, no es una etiqueta. Es una manera de trabajar y de entender que estamos de paso.

Las cubiertas vegetales, el abono verde, reducir intervenciones… no salen en la contraetiqueta. No se explican en una cata. Pero condicionan el carácter del vino más de lo que parece.

No sé si esto es una revolución. Tampoco lo pretendemos. Es más bien sentido común. Cuidar la tierra para que la tierra pueda seguir dando.

Porque, al final, lo más importante del vino casi nunca se ve. Y casi siempre ocurre bajo tierra.

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