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¿Qué pedimos en… Little Jarana?

Restaurante íntimo donde la cocina, el vino y el ritmo lo son todo.

Anchoas con mantequilla en Little Jarana

Anchoas con mantequilla en Little Jarana / Marta Pérez

Pequeño, casi secreto, con cinco mesas y una barra donde todo pasa a la vista, sin artificio.

Es más que evidente que Abraham Artigas, el padre de la criatura, ha montado el restaurante al que le gustaría ir. Un proyecto que le apasiona y se nota, vaya si se nota. En Little Jarana suena la música y los cocineros, que también hacen las veces de camareros, se mueven en una especie de baile perfectamente sincronizado entre la barra y las mesas. En este pequeño templo gastronómico no hay refrescos, ni cervezas, tampoco vermuts o cócteles, sólo vinos, muchos y buenos vinos, y también agua, mucha agua con o sin gas. Nada más. Nada menos.

La carta, escrita a mano sobre un papel blanco, es corta, estacional y cada 15 días despide a todos sus platos menos a dos: las anchoas con mantequilla y los gnocchis con berberechos y botarga. Esos dos, por ahora, no se mueven. Y menos mal.

La anchoa perfecta existe y si no existe ésta se le parece mucho. De lomo terso, color rosáceo, salinidad justa, carnosa y jugosa. Una delicia a la que los cítricos le sientan fenomenal. Y los gnocchis, ¡ay, los gnocchis!, cremosos, melosos y bañados en una beurre blanc con berberechos y botarga que invita a rebañar sin mucho sonrojo.

Cómo no va a ser una fiesta Little Jarana si tiene todo lo esencial para ser feliz: comida, bebida, música y gente dispuesta a pasarlo bien. Una jarana en toda regla.

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