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Tianna Negre vista por Roberto Durán, primer Master Sommelier español

El experto destacó la evolución e identidad de los blancos de la bodega, una forma de ser que encaja con su idea de lo que debe ser un gran blanco mallorquín

Miguel Á. Prieto y Roberto Durán, catando vinos criándose en ánforas de barro.

Miguel Á. Prieto y Roberto Durán, catando vinos criándose en ánforas de barro. / Tianna Negre

Jaume Vidal Fàbregues/ Representante de Tianna Negre

Palma

La visita de un gran prescriptor a una bodega siempre genera expectación, pero no todas dejan algo que merezca ser contado. La reciente visita de Roberto Durán, primer Master Sommelier español, a Tianna Negre fue una de esas que invitan a parar y escuchar.

El título de Master Sommelier no es solo una distinción académica. Es el resultado de uno de los exámenes más exigentes del mundo del vino, avalado por el Court of Master Sommeliers, y reservado a un número muy reducido de profesionales a nivel internacional. Por eso, cuando alguien con ese bagaje vuelve a catar vinos que ya conocía, lo interesante no es el halago, sino qué ha cambiado.

Durán conocía los vinos de Tianna Negre desde su etapa profesional en Mallorca pero, en esta ocasión, su atención se centró especialmente en los blancos. Más que una sorpresa puntual, destacó una evolución clara: vinos con una acidez bien integrada, equilibrio y una identidad que encaja con su idea de lo que debe ser un gran blanco mallorquín. De hecho, le llamó más la atención ese recorrido en los blancos que el de los tintos, una reflexión que dice mucho del momento que vive la bodega… y también del momento que viven los vinos blancos de la isla.

Roberto Durán, primer Master Sommelier español, catando Quattuor Insulae.

Roberto Durán, primer Master Sommelier español, catando Quattuor Insulae. / Tianna Negre

Este tipo de visitas sirven para algo más que para reafirmar un camino. Funcionan como un espejo externo, exigente y honesto, que obliga a mirar el trabajo realizado con perspectiva. En un mundo del vino cada vez más ruidoso, que alguien valore la coherencia y la evolución silenciosa es, quizá, uno de los reconocimientos más relevantes.

Al final, más allá de títulos y opiniones, lo importante es lo que queda en la copa: vinos que hablan de su lugar, de decisiones tomadas con tiempo y de una forma de entender la viticultura basada en el respeto por la tierra y por la identidad propia. Que esa historia sea entendida y apreciada por quienes saben escucharla es, sin duda, un buen motivo para seguir adelante.

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