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Lo que pasa

Puestos callejeros para comer y vivir la Navidad desde la calle

Un paseo gastronómico por los rituales que regresan cada invierno a las calles de Palma

Castañas asadas en un puesto callejero

Castañas asadas en un puesto callejero / Archivo

Cada diciembre, las ciudades recuperan una serie de escenas costumbristas —algunas parecen sacadas de una película de los años 60— que anuncian la Navidad mucho antes que las luces.

En Palma, en los alrededores de la calle San Miguel, el olor inconfundible de las castañas asadas desde uno de los pocos puestos callejeros que quedan marca el inicio del invierno urbano. ¿Acaso hay algo más navideño que pasear con un cucurucho humeante de castañas entre las manos?

Muy cerca y lejos del ruido, los dulces artesanos elaborados por las monjas del Convent de Santa Clara reaparecen como cada año. Amargos, cocas y elaboraciones tradicionales que se compran casi en silencio y que siguen siendo uno de los secretos mejor guardados de la Navidad palmesana.

El paseo se alarga con un vaso de vino caliente especiado que podréis encontrar en el mercado navideño de Sa Feixina. Y, como cierre dulce a este paseo gastronómico, los churros, presentes cada año en distintos puntos del centro, pero que nosotros recomendamos en la periferia: Churrería La artesana, en Pere Garau. Tradición y delicia en un solo bocado.

No son modas ni descubrimientos. Son rituales que vuelven cada Navidad y que convierten la calle en un lugar donde el aire huele a comida. Palma, en invierno, también se disfruta así: caminando despacio y con algo caliente entre las manos.

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