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¿Qué pedir en… Toque de queda?

Nueva sección en la que pretendemos hacer una guía de platos emblemáticos, esos que definen cada restaurante, para acertar al sentarse a la mesa y disfrutar de la experiencia completa.

Carpaccio de calabacín de Toque de queda

Carpaccio de calabacín de Toque de queda / Ana Martínez

Champañería, bar y fiambrería. Tres palabras bastan para abrir las puertas de un cielo concebido en distintos niveles y alturas, poblado de mesas desiguales y sillas que cojean en un perfecto equilibrio, casi coreografiado.

Es prácticamente imposible sentarse dos veces en el mismo rincón y es que Toque de queda es una suerte de laberinto donde perderse no es nunca un problema: todos los caminos llevan al queso, al fiambre, al vino y a la gastronomía que se disfruta al amparo de una luz tenue y una conversación reparadora.

Abierto en 2014 en el antiguo Forn Cremat de Palma —levantado sobre un viejo horno de origen árabe—, Toque de queda es la opción que nunca falla.

¿Dónde vamos a cenar? Toque de queda.

¿Dónde vamos a picar? Toque de queda.

¿Dónde llevamos a las visitas? Toque de queda.

Más allá de su gran selección de embutidos procedentes de Italia, Cataluña, Galicia, Francia y Mallorca, sus cocas o sus quesos, ¿qué pedimos en Toque de queda si queremos disfrutar de la experiencia al completo? El carpaccio de calabacín marinado en mostaza con aguacate y vinagreta de zanahoria.

La receta de Lorenza, procedente de Módena, es el entrante perfecto: ligero, fino y sabroso. Las lascas de parmesano con las que coronan el plato suman profundidad y carácter, mientras que el aguacate equilibra el conjunto con su cremosidad. Un plato riquísimo, original, sin estridencias y perfectamente equilibrado. Algo tendrá cuando tantas personas intentan replicarlo, pero nadie consigue ese je ne sais quoi que lo convierte en el plato estrella de un sitio repleto de quesos y embutidos.

A veces, tocar el cielo es tan simple como pedir bien.

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