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Can Trobat, la tasca que Inca añoraba
Una taberna o mesa contemporánea que recupera el pulso de la tasca de siempre en pleno centro de Inca, con gildas, frituras, arroces, carnes, pescados y ganas de funcionar a cualquier hora

Can Trobat es el punto de encuentro en el que echar unos vermús, charlar entre copas o matar el hambre con gusto, a cualquier hora. / Carlos Ginard
Hay aperturas que se anuncian a gritos y otras que llegan con una idea más difícil. Encajar como si llevaran ahí toda la vida. Can Trobat pertenece a esta segunda categoría. Abierto desde hace menos de medio año en Inca, es una taberna o, como la califican, «mesa contemporánea» y, en la práctica, eso se traduce en cocina reconocible, barra y buen ambiente. Sirve para un vermut, para picar algo a media tarde, para alargar la sobremesa... Para amenizar cualquier hora.
La propuesta se mueve cómoda en el territorio del aperitivo. Vermut y cerveza tienen protagonismo, y también se pone énfasis está en el vino. La barra de Can Trobat funciona como punto de encuentro y como un pequeño refugio para quien disfruta descubriendo etiquetas.
La cocina juega a lo que mejor le sienta a una tasca. Platos que se comparten, tapas que entran solas y clásicos que no necesitan explicación. La moda de la gilda aquí se toma en serio. La Gilda Can Trobat es ese primer bocado que abre el apetito y la conversación, ideal para empezar antes de pasar a las frituras o a un plato más largo. Otro imprescindible de barra es el pintxo de tortilla de patata, motivo por el que muchos vuelven.
Si hay que señalar un plato bandera, la casa lo tiene claro. La focaccia casera con crema de pistachos, tomates confitados, jamón de Guijuelo, burrata y rúcula. Producto reconocible, punto goloso, equilibrio y una presentación contemporánea sin perder el alma de taberna. A su lado destacan los chipirones crujientes con alioli a la naranja y las croquetas melosas de carrillera ibérica con alioli de Pedro Ximénez, de esas que mezclan cocina de fondo y antojo inmediato.
Detrás del proyecto está Juan Carlos Núñez, también propietario de Suro Bistro, otro nombre ya asentado en Inca. Aquí la apuesta mira al barrio y al oficio. Dos caminos diferentes y una misma idea de fondo. Buen producto y buen servicio.
Can Trobat quiere ser, ante todo, un sitio al que apetece entrar. Sobre todo, para hacerlo a cualquier hora. Para el vermut del mediodía, para una cerveza rápida, para una comida sin artificios o para una cena que empieza con una gilda y termina con una copa más. En tiempos de locales clónicos, su mejor virtud es esa.
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