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Baplin Uniformes: engalanando al sector hostelero

Salvador Carrión Reynés junto a parte de su equipo (María José Sáez y Xisca Quintana) en Horeca. / Baplin Uniformes

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Salvador Carrión Reynés, gerente de Baplin Uniformes, repasa la trayectoria familiar de la firma, su foco en la hostelería y su apoyo a la primera edición de los Premios Mallorca Delicia, donde la empresa patrocina la gala y entrega el Premio Proveedor a Distribuciones Servera.

―¿Por qué decide Baplin ser uno de los patrocinadores de la primera entrega de Premios Mallorca Delicia?

―Tenemos una especie de relación «amorosa», por decirlo de alguna manera, con Diario de Mallorca. Venimos del mundo de la gastronomía, estamos muy relacionados con chefs y con la Escuela de Hostelería, donde este año se ha hecho un certamen nacional que también patrocinamos, la undécima edición del Certamen Nacional de Cocina y Repostería. Fue un verdadero honor para Baplin que los profesionales que allí participaban vistieran uniformes diseñados por nosotros. La hostelería rquiere de una uniformidad que, más allá de la estética, debe estar preparada para gran diversidad de situaciones y ser cómoda Y en el caso de Mallorca Delicia, cuando este diario nos planteó unos premios ligados a la gastronomía lo vimos natural. Personalmente, soy anunciante, suscriptor y todo lo que haga falta. Me alegra mucho que todo esté saliendo tan bien y os animamos a continuar con este iproyecto tan ilusionante.

―¿En qué sectores se concentra hoy la actividad de Baplin Uniformes?

―Sobre todo en nuestra facturación, aunque intentamos ampliar un poco, recae mayoritariamente en la hostelería. Somos sobre todo talleras hoteleras, de restaurantes, etcétera. Con más de 25 años de trayectoria, Baplin, continuidad de una empresa familiar fundada en 1998, sigue teniendo como principal foco el vestuario para hoteles y restauración.

―¿Toda esa trayectoria viene de casa?

―Sí. Yo nací en una familia que ya tenía una empresa de vestuario laboral, que en aquel entonces se llamaba Mari-Lín Uniformes. En un momento dado se cerró, yo quise continuar con Mari-Lín Uniformes y de ahí nace la trayectoria que hoy seguimos con Baplin Uniformes.

―¿Cuál es la parte más enriquecedoras del día a día en una empresa que diseña y fabrica uniformes?

―La creatividad. Disfruto cuando me dan permiso (y presupuesto) para pensar una uniformidad distinta para una cadena. Elegir colores, diseñar prendas que se puedan lucir con orgullo, que sean agradables y prácticas. Esa es la parte más bonita; la otra es más mecánica.

―Hablemos un poco de esas partes no tan gratas.

―El mundo laboral puede llegar a ser un poco ingrato en algunas ocasiones. Sucede bastante que entra alguien con el vale de su empresa y viene a la defensiva. A nadie se le ocurre decir «qué horror» cuando se compra ropa en grandes almacenes o en una tienda de moda. Pero con el vestuario laboral sí pasa. Muchas veces las prendas son similares a lo casual (pantalones chinos, vaqueros…), pero el trabajador viene cargado y protesta por todo. Somos los últimos en la cadena. Te dejan para lo último, todo es «para ayer» y tienes que apechugar con ello.

―Comentaba que hoy la uniformidad se parece mucho a la ropa casual. ¿Siempre ha sido así?

―No, esto es algo de los últimos años. Cuando empecé, la uniformidad estaba muy marcada: el pantalón de pana para el campo, el mono para los mecánicos o las camisas con hombreras para los técnicos. Eso prácticamente ha desaparecido. Ahora hay pantalones, cazadoras, sudaderas, forros polares… prendas equiparables a lo que te pondrías un fin de semana o en el día a día. Hay pantalones chinos que vendemos que los lleva nuestro personal y yo mismo, igual que si los hubieras comprado en cualquier tienda.

―¿También han cambiado mucho los tejidos?

―Sí. Con el calentamiento y la subida de las temperaturas, sobre todo en la isla, ha habido bastante innovación en tejidos técnicos. Se buscan prendas que repelan líquidos, que sean fáciles de lavar, pero también transpirables y agradables porque durante muchos meses hace calor.

―¿Cómo encaja la sostenibilidad en todo esto?

―Nos centramos en la sostenibilidad y en el kilómetro cero todo lo que se puede, pero es muy difícil. Estamos en una isla y aquí la fabricación del tejido es imposible. Las fábricas cerraron hace años y casi todo tiene que venir de fuera. Aquí hacemos la manipulación, el bordado, la personalización, serigrafías y el transfer. Trabajamos con prendas que vienen de botellas recicladas y con algodones orgánicos. Pero es algo que se habla más de lo que se tiene en cuenta en el día a día, porque repercute en el precio final.

―¿Hasta dónde llega hoy Baplin Uniformes?

―Nuestra red llega a toda España. Además, al estar asociados a la red nacional Euro Uniforms, colaboramos con otras empresas del sector y servimos también a clientes en Canarias, Andalucía, Austria o incluso Creta.

―Después de tantos años, ¿cuál es hoy la máxima de la empresa?

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―Uniformamos y vestimos a cualquier empresa y a cualquier tipo de cliente, pero lo nuestro, donde disfrutamos más, es en todo el segmento que busca exclusividad. Estamos un poco especializados en los hoteles de 4 y 5 estrellas que quieren algún tipo de exclusividad, y nos gustaría seguir por ese camino.



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