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Guerra en Ucrania

Pol Morillas: "Rusia es una potencia disruptiva y China la ve como un peligro"

"Las crisis generalmente internacionales tienen unos factores estructurales que están detrás"

Pol Morillas, director del CIDOB. Ferran Nadeu

El CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs), presentó hace unos días en Barcelona el documento con sus perspectivas para 2023, con la guerra de Ucrania y sus efectos colaterales como grandes protagonistas. Su director, Pol Morillas, analiza como este conflicto está alterando el actual orden internacional.

En su análisis se refieren a los impactos de una “permacrisis”. ¿Qué quiere decir?

Es una sensación y una realidad que las crisis se encadenan. Las crisis generalmente internacionales tienen unos factores estructurales que están detrás. Tienen un elemento disruptivo, una chispa, (en el caso de un conflicto bélico que la hace estallar), tienen un desarrollo y luego queda el mundo después de la crisis. Las crisis se encadenan en el tiempo, son recurrentes, afectan a elementos muy interconectados y no se pueden aislar uno del otro. Si uno mira la guerra de Ucrania y la crisis alimentaria, el vínculo es evidente. Si uno mira el cambio climático y la crisis del covid, también hay un vínculo evidente de conexión por la degradación de los ecosistemas en que vivimos. Esta concatenación de crisis que se van sucediendo y no conseguimos resolver de forma estructural crea la sensación de que vivimos instalados en la crisis, y que la crisis es la normalidad, no lo extraordinario. Esto genera una sensación de ansiedad muy fuerte y de que el mundo está fatal.

¿Y el mundo no está fatal?

El mundo está fatal, sí. Pero si miramos parámetros y medidas tangibles estamos mucho mejor que hace un siglo. En todos los ámbitos: en esperanza de vida, mortalidad infantil, en salida de la pobreza de muchas bolsas de población en el mundo. Los parámetros globales son mejores. Pero esto es la visión macro. Cuando uno mira la realidad del día a día o la visión más micro, lo que se ve es que las desigualdades crecen, las seguridades se ven en entredicho, los precios suben, la posibilidad de escalada bélica aumenta. En el momento inmediato la situación es preocupante en muchos ámbitos. Preocupa la visión a largo plazo. Delante tenemos un peligro inminente que cada vez se manifiesta con mayor claridad y hay más consenso científico y son los riesgos del cambio climático pero los marcos actuales no dan respuesta a esta necesidad imperiosa de actuar. O dan una respuesta muy lenta.

Menciona el cambio climático, ¿se está sacrificando una visión de futuro por el corto plazo, con la rebaja de objetivos, o la vuelta al carbón o la rehabilitación de la energía nuclear?

Estamos ante las contradicciones de las transiciones. Efectivamente la transición ecológica y energética fija unos pasos para llegar a una situación de neutralidad de emisiones. Hay consenso sobre esto, no sobre la velocidad a la que hay que llegar. Y en esta voluntad estratégica de avanzar hacia allí se interpone algo más urgente: un invierno sin calefacción y una capacidad de las industrias de seguir operando con energía. ¿Con qué energía? Las renovables no las tenemos. Pues vamos a las que tenemos. La elección alemana del gas ruso fue una elección económica e industrial. Se elegía porque era barato y eso hacía que la competitividad de las empresas alemanas fuese más alta. Exportaban más y a mejor precio. Era una estrategia económica. Políticamente y geoestratégicamente nefasta pero había una razón económica. ¿Ahora, qué pasa? En el momento en que esta energía se corta y no tienes acceso a las renovables vas a buscar lo que tienes: vuelves a poner centrales de carbón porque necesitas la energía. Rusia sabía cuando lanzó la guerra que Europa está en transición pero no ha transicionado y ahora tiene mayor capacidad de incidencia sobre la UE.

Y mientras Europa sufre, parece que Rusia aguanta bastante bien las sanciones…

A corto plazo las sanaciones han tenido un efecto. Han sido negativas para la economía y Rusia ha tratado de limitar sus efectos. Pero no consiguen cambiar el rumbo. Las sanciones son un mecanismo coercitivo pero difícilmente cambian la posición de un actor. Porque este es resiliente y porque hay otros actores internaciones dispuestos a suplir los efectos de estas sanciones. La exportación de petróleo ruso a lugares como India y China ha condicionado la capacidad de las sanciones internaciones de tener un efecto claro. Y como el mundo está muy interconectado, no podemos prever que estas sanciones sean la solución. La solución es mucho más compleja . Es geopolítica, es de posicionamiento de los estados en el orden internacional, es de revisión del orden internacional. Va mucho más allá.

¿Cómo ha sacudido Ucrania este orden internacional?

Cuando miremos atrás en el tiempo, veremos que también es una guerra sobre el estado del orden internacional. No es una guerra internacional, sino sobre el estado del orden internacional. ¿Qué quiere decir? Es una guerra que ocurre en un momento en que diferentes potencias internacionales tienen concepciones muy diferentes sobre este orden internacional. EEUU y Europa, el eje trasatlántico, quieren mantener el sistema internacional como hasta ahora, con su protagonismo, y se refuerzan internamente, como hemos visto con la OTAN. Otras potencias quieren revisarlo, aunque no de la misma manera. Una potencia como Rusia es claramente revisionista y violenta y vulnera los principales vectores de este orden. China quiere cambiarlo, no quiere este predominio de Occidente, quiere su cuota de poder, pero también se beneficia de las cadenas globales de valores, del orden económico establecido, de su preponderancia, de su crecimiento. Y por tanto no quiere romper el orden. Lo quiere alterar a su favor. Y después hay otras potencias que en un mundo muy multipolar quieren tener algo que decir y hacer valer sus intereses nacionales: Turquía, Brasil, Japón y la Unión Europea.

Hay gente que no habla de un nuevo orden internacional, sino de una vuelta a la guerra fría.

No estoy de acuerdo en el término. Se puede discutir hasta qué punto esta nueva guerra fría entre China y EEUU se está gestando porque cada vez China y EEUU se van desacoplando más. Pero no creo que este desacoplamiento llegue al de los tiempos de EEUU y la ex Unión Soviética. Eran dos potencias internaciones que vivían de espaldas, con su esfera de influencias. Este no es el caso. El nivel de interdependencia entre EEUU y China es muy alto todavía. El contexto ha cambiado muchísimo. La tecnología une, el cambio climático une y necesitarás encontrar niveles de interdependencia que no llevan al desacoplamiento absoluto.

¿Rusia dejará de ser un paria internacional?

En cuanto que no tiene el apoyo tan explícito que esperaba de China, se queda más aislada, efectivamente. Porque es una potencia disruptiva. Que rompe el orden y lo rompe violentamente y China lo ve como un peligro para sus propios intereses. Rusia y China coinciden con la necesidad de cambiar el orden internacional pero una cosa es converger en este pensamiento y otra es alterar de tal manera el orden internacional como para salir perjudicado. Rusia ha ido más allá y eso se ha traducido en que aquella alianza estratégica ha tenido un límite y es que China no se ha posicionado claramente a favor de Rusia en la guerra y no se ha involucrado.

Pero, aún así, ¿cree que el papel de China puede ser determinante?

Seguro. Primero porque en la narrativa del Kremlin Occidente forma parte de la guerra. Sabemos que no es así. La Otan nunca ha querido involucrarse en la guerra . Ni las potencias occidentales ni China no han querido internacionalizar el conflicto a nivel de intervención de sus fuerzas, para que este siga contenido en Ucrania. Todos teníamos miedo de la escalada y no ha sucedido porque muchas potencias han tratado que eso no sucediera. Por lo tanto, entre las potencias que formarán parte de una futura negociación, China será una de ellas. Su capacidad de incidir en el orden internacional es muy alta. Veremos si Europa puede mucho porque a ojos de Rusia se considera parte del conflicto y los marcos de diálogo como Minsk difícilmente se reproducirán. Estos marcos de están un poco obsoletos y hay que buscar otros nuevos, y hay otros actores que deberán formar parte.

¿La guerra de Ucrania ha cohesionado a EEUU y Europa?

En el ámbito inmediato sí. Se han coordinado las sanciones y el envío de armamento. La Otan se ha reforzado. Se han reforzado las estructuras de Occidente. Ahora, la pregunta es si este refuerzo es estructural. Y creo que no. Europa continúa dependiendo mucho de la seguridad americana, si no más que antes. Además, se han ensanchado la división entre los proatlantistas y los prodefensa estratégica europea. Esto no significa menospreciar una respuesta unida y una alianza clara. Pero todos esos elementos están sobre la mesa. Y además, hay que ver qué ocurre si en EEUU sale otro presidente que no hable con lenguaje europeo.

Si nos centramos en Ucrania.¿ Que escenarios se pueden prever?

Parece que hay voluntad de EEUU de seguir dando apoyo a Ucrania porque Ucrania pide ayuda para poder continuar la contraofensvia y recuperar el terreno perdido. El objetivo de Zelenski es continuar en esta dirección. Rusia no consigue cambiar la situación sobre el terreno pero de la misma manera no puede rendirse. Ningún de los dos actores está en estos momentos en una situación en que el incentivo de la negociación sea más alto que el de continuar luchando. En estas circunstancias, un escenario de negociaciones de paz es difícil de imaginar. La capacidad de los actores externos para obligar a las partes a negociar es limitada. Nos vamos a un escenario central que a menos que cambien mucho, las cosas llevan a una evolución del conflicto como el que estamos viendo.

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