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Relevo en Brasil

La grotesca despedida de Bolsonaro

Aquejado de una depresión por la que llora constantemente, el presidente ultra se ha desentendido del traspaso de poder a Lula

El presidente en funciones de Brasil Jair Bolsonaro. LECO VIANA

Jair Bolsonaro se despide del poder como una sombra grotesca del excapitán del Ejército que, agitando con su mano una pistola imaginaria, se propuso refundar Brasil. El presidente ultraderechista que abusaba frente a las cámaras y en las redes sociales de una locuacidad tan provocadora como desenfrenada, se llamó a un silencio casi monacal desde que fue derrotado en las urnas por Luiz Inácio 'Lula' da Silva. Bolsonaro ha actuado con despecho. No solo se ha negado a darle a su sucesor los atributos de mando. Tampoco estará presente en Brasilia en el momento en que comience a hablarse en pasado del Gobierno de ultraderecha. El 'Mito', como lo han llamado sus seguidores durante los días que creía sentirse bendecido por los astros, apenas ha tomado la palabra en las vísperas de la toma de posesión de Lula, solo para hablar de fútbol y decretar el luto nacional por la muerte de Pelé.

Parece no haber mejor destino para Bolsonaro que las regiones más trumpistas de Estados Unidos. En principio se quedaría en Florida, preferentemente en Orlando. El excapitán buscará consuelo entre sus semejantes norteamericanos. El bolsonarismo más radical, que representa un 15% de su base electoral, había esperado actos de mayor osadía de parte de su líder y que llevara la tensión institucional hasta las últimas consecuencias, como lo hizo Donald Trump. En un punto, Bolsonaro debió desconcertar a sus seguidores más exaltados cuando delegó en el ministro de la Casa Civil, Ciro Nogueira, la responsabilidad de la transición. El mandatario apenas se plegó, sin sus acostumbradas estridencias, a la impugnación de los resultados electorales de la ultraderecha. El máximo tribunal desestimó la petición y el todavía presidente cerró la boca para rumiar su frustración en soledad.

Días de depresión y llanto

En silencio, nunca dejó de esperar acontecimientos que frenaran el retorno de la izquierda al Gobierno. Acaso una multitud rabiosa capaz de alterar el curso de la historia y empujar a las Fuerzas Armadas a la acción. "Los amigos e interlocutores más cercanos están preocupados. En sus últimos días en el Planalto, el presidente parece haber perdido conexión con la realidad, y haberse sumergido de cabeza en un mundo paralelo. Como en trance, ha creado su propia narración de los acontecimientos que le rodean", señaló Carlos José Marques en una columna publicada por la revista Istoé, sobre las últimas horas como jefe de Estado. "Muestra signos de un estado depresivo crónico que le lleva a llorar copiosamente en cualquier momento", añadió.

En ese estado de "insania", como lo definió Marques, Bolsonaro se ha retirado de Brasilia antes de que llegaran los nuevos ocupantes. "El dolor y la humillación de la derrota suelen mitigarse cuando la liturgia del relevo se lleva a cabo con rigor y dignidad. Esto no es, desde luego, lo que estamos presenciando", remarcó Marcos Azambuja, columnista del diario carioca O Globo. "Obedecer a un ceremonial probado consuela a los que se van y ayuda a moderar la exuberancia de los que llegan. Sobre todo, permite cerrar un capítulo de forma digna y que la vida continúe. Bolsonaro -con su silencio y virtual reclusión- hace persistir una intensa inquietud sobre sus verdaderos sentimientos e intenciones. Así, siguen vivas las esperanzas ilegítimas de muchos de sus seguidores, que continúan en la puerta de los cuarteles o en espacios religiosos, con la esperanza de provocar una intervención militar, o incluso divina".

El peso de la herencia

"No entregará la banda presidencial a Lula. Es una cuestión interesante determinar si se trata de un último ataque simbólico a la democracia, un problema de cuna (mala educación), una huida o una combinación de las tres cosas. Una cosa mal resuelta por las democracias es el alcance del blindaje judicial concedido a los jefes de Gobierno o a los jefes de Estado", consideró por su parte uno de los habituales comentaristas de Folha de Sao Paulo, Hélio Schwartsman.

El inventario de la era Bolsonaro comienza a realizarse en medio de este azoramiento y no se descarta que la justicia comience a tomar cartas en el asunto más temprano que tarde. Lula habló de una herencia calamitosa en todos los órdenes. Días antes del cambio de mando, la policía federal concluyó que el excapitán violó la paz pública al difundir de manera "voluntaria" y "consciente" noticias falsas que relacionaban a la vacuna contra el covid con el riesgo de contraer sida, además de alentar a las personas a no usar máscaras protectoras. La pandemia, que en un principio fue ridiculizada por el presidente, al punto de calificarla de "gripecita", ha dejado casi 700.000 muertos.

Bolsonaro se ha ido del Gobierno, pero permanece en Brasil el bolsonarismo. Los analistas estiman y lamentan que esa franja iracunda de la sociedad ha llegado para quedarse. En estos momentos, es una incógnita qué hará en adelante el excapitán. Su mutismo va por ahora a contramano de cualquier intento de preservar el capital político acumulado en las urnas.

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