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Reto demográfico

Italia devora a su infancia: ya hay cinco veces más mayores de 65 años que menores de 6

En el país más envejecido de Europa, el número de ciudadanos en edad fértil es insuficiente para garantizar el relevo poblacional en más de una década

Un Belén en Roma junto al Vaticano. EFE

Cuando habla del continuo envejecimiento de la población italiana, la demógrafa María Rita Testa suele recordar una anécdota. “En Liguria, donde hay 7,8 ancianos por cada niño y la edad media es de 49 años, muchas tiendas de productos infantiles no cerraron, sino que se reconvirtieron. Ahora venden pañales para ancianos”, cuenta esta profesora de la Universidad Luiss de Roma. “Es solo una curiosidad, pero hace pensar en que tal vez debamos empezar a idear otras alternativas para mantener el crecimiento del PIB”, argumenta esta especialista que mira más allá de la baja tasa de fertilidad de las familias italianas (hoy de 1,25 hijos por mujer). “Otro factor es que hay un número insuficiente de personas en edad fértil y que muchos jóvenes, ante la falta de perspectivas, acaban emigrando”, añade, en una entrevista con El Periódico de Catalunya, del grupo Prensa Ibérica.

Italia es el país más envejecido de Europa. El demógrafo Gerardo Gallo, a cargo del departamento con 40 investigadores del Instituto Nacional de Estadística que realiza el censo de Italia, también ha estudiado el fenómeno y tiene una opinión similar. Los datos de su último informe han generado una ola de artículos en la prensa local sobre el asunto. La razón: el informe revelaba que, en Italia, el número de personas mayores de 65 años llegó al récord de 5,4 ancianos por cada niño de 0 a 6 años. Más aún: el mismo estudio también ponía en evidencia que Italia había perdido nuevamente población en 2021, por sexto año consecutivo. En concreto, el país pasó a tener unos 200.000 residentes menos que el año anterior. Y la edad media de la población alcanzaba los 46 años (hace solo 10 años, la media era de 43).

Sin comparación histórica 

El diagnóstico es unánime: el envejecimiento está relacionado con la falta de políticas de conciliación familiar y laboral, una laguna que ha herido de muerte la fertilidad. “En Italia no hay políticas de ayuda a la natalidad. Nunca las hubo y, aunque las hubiera ahora, no se verían los resultados en muchos años, quizá en más de una década. Esta es la situación aquí y ahora”, afirma, tajante, Gallo. 

“Es un declive que no tiene comparación histórica, más aún cuando, desde 2015, ni los flujos migratorios salvan el país. Desde entonces, el número de inmigrantes que recibe Italia ya no es suficiente para evitar el descenso de residentes”, añade Testa.

La inmigración, factor clave

Eso sí, “sin inmigrantes, la situación sería aún más crítica, la población de Italia se reduciría a la mitad en 40 años”, añade Gallo, quien agrega que la pandemia, que se ensañó con ancianos y sujetos vulnerables, ha sido el enésimo golpe. “Todavía el año pasado murieron más de 700.000 personas y solo nacieron unas 400.000”, explica el demógrafo.

El problema es que, además, el fenómeno viene de lejos y ahora ya es estructural, recuerdan los expertos. “El índice de fertilidad bajó en 1977 por primera vez de los dos hijos por familia, número que garantiza el reemplazo generacional”, precisa Testa. Sin embargo, fue precisamente en esos años (cuando la pirámide demográfica italiana empezó a presentar desequilibrios) que el Estado asumió políticas para proteger a los ancianos, en lugar de sostener a las familias y a los más jóvenes. Resultado: en la actualidad, alrededor del 16% del PIB se destina a las pensiones, y apenas el 4% a las familias, subraya la investigadora. 

Jóvenes en vías de extinción

En un artículo del diario 'Domani' sobre las consecuencias de esta situación, Gabriele Segre, director de la fundación suiza de promoción social Vittorio Segre, realizaba, días atrás, un peculiar paralelismo al comparar a los jóvenes italianos con algunas especies animales en vías de extinción. En Italia, “en las próximas tres décadas, la población de 15 a 64 años podría bajar de 37,7 a 28,9 millones”, escribió Segre, al considerar el fenómeno como un grave impedimento ante los desafíos a los que se enfrenta el mundo.

“Este hecho supone un grave riesgo en la grave crisis social, política y cultural en la que se ha desplomado nuestro mundo occidental”, añadió Segre, al achacar esta situación a la falta de interés de la política. Algo que puede comprobarse fácilmente también al observar de cerca el día a día de la política en Italia, en el que las pensiones de vejez sigue siendo objeto de discusiones serias y medidas concretas, mientras que la retórica sobre los jóvenes rara vez lleva a iniciativas de peso y largo recorrido.

Sin embargo, algo podría estar cambiando. De hecho, en los últimos años, el asunto está cada vez más presente en la agenda pública italiana, incluso con atrevidas propuestas sobre cómo usar la inteligencia artificial y los robots para mitigar la pérdida de productividad derivada de este declive demográfico y reemplazar a los humanos en las tareas más rutinarias. De hecho, el Ejecutivo de la ultraderechista Giorgia Meloni creó recientemente una nueva cartera ministerial dedicada a la cuestión a la que llamó Ministerio de la Familia, de la Natalidad y de la Igualdad de las Oportunidades, lo que levantó la crítica de las feministas. Además, se trata de una cartera sin portafolio y, de momento, no ha llevado adelante ninguna reforma de calado.

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