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Brasil

Los brasileños deciden si Bolsonaro permanece en el poder o Lula termina con la era de la ultraderecha

Las últimas encuestas confirmaron la ventaja del candidato del Partido de los Trabajadores (PT)

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el exmandatario y candidato del Partido de los Trabajadores, Luiz Inácio ’Lula’ da Silva.

Brasil tiene este domingo una cita dramática con la historia. Unos 156 millones de ciudadanos decidirán en las urnas la reelección de Jair Bolsonaro o si Luiz Inácio Lula da Silva da por terminada la experiencia de la ultraderecha en el poder del país más grande y poderoso de Sudamérica. Las últimas encuestas confirmaron una ventaja de Lula que sería difícil de remontar por el capitán retirado, salvo que el debate televisivo entre los contendientes del viernes haya modificado la intención de voto de una minoría, de la mano de las fake news. Los sondeos ya se equivocaron en la primera vuelta, cuando Bolsonaro obtuvo unos seis puntos más que lo augurado. Y eso deja abiertos interrogantes que solo se responderán cuando termine el escrutinio.

No es esa la única pregunta que se desvelará la noche del domingo. En los últimos días de la campaña, el presidente volvió a arrojar un manto de sospecha sobre la transparencia del sistema electoral. Lo que ya saben los brasileños es que nunca desde la restauración democrática, a mediados de los años 80, una elección estuvo rodeada de tantos peligros institucionales y políticos. La amenaza de un zarpazo militar ha sido repetida en boca del capitán retirado. Las incitaciones a la violencia han estado a la orden del día. En pocas horas se sabrá si, en caso de ser derrotado en las urnas, el candidato del Partido Liberal se convertirá en un émulo de Donald Trump y lleva a Brasil al abismo.

Un continente de contradicciones

Bolsonaro encarna desde 2018 una de las contradicciones más flagrantes de Brasil. El país de los grandes escritores y músicos, que ha recibido con brazos abiertos a Pedro Casaldáliga, Stefan Zweig y Clarice Lispector, la nación futbolística por excelencia, cuenta desde hace cuatro años con un movimiento de masas ultraconservador. Todo se abisma en esa superficie de 8,5 millones de kilómetros cuadrados.

Brasil es uno de los principales paraísos de la cirugía estética. El culto a la lozanía y la perfección corporal tiene sus templos en los quirófanos. Es, a la vez, una potencia odontológica que puede convivir con más de 16 millones de personas sin dientes como consecuencia de la pobreza y los bajos índices de escolaridad. Unos 33 millones de brasileños pasan hambre al mismo tiempo que en Sao Paulo y Río de Janeiro abren restaurantes con dos estrellas Michelin que suelen visitar parte de los 200.000 millonarios brasileños. En el Ryo Gastronomy solo pueden ser atendidos a la vez ocho comensales que degustan platos elaborados con elementos específicos de la selva amazónica. A pocos metros, los desventurados hurgan en la basura los restos de comida de los cariocas.

Esclavitud y trabajo infantil

Casi 96 millones de brasileños forman parte de un mercado laboral con altos niveles de sofisticación. La Empresa Brasileira de Aeronáutica (Embraer) es uno de los puntales del desarrollo autóctono. Se trata de uno de los principales proveedores de acciones de SkyWest Airlines, la mayor aerolínea regional de Estados Unidos. La otra cara de la moneda presenta un rostro que asusta. "La esclavitud permanecerá por mucho tiempo como la característica nacional del Brasil", cantó Caetano Veloso, en 1992, como si fuera un augurio.

Esa misma década, Brasil reconoció la existencia del trabajo forzoso. Esa admisión permitió que unas 58.000 personas fueran rescatadas de las entrañas de la humillación. El 77% de los casos involucró a afrobrasileños. La ultraderecha ha reducido los fondos para combatir situaciones que no dejan de repetirse. Lo mismo sucede con el trabajo infantil. El Banco Mundial calculó en 2015 que el 2,5% de los infantes entre siete y 14 años se convirtieron tempranamente en mano de obra. Pero un estudio de la Universidad de Zúrich estima que el problema se ha agravado con Bolsonaro.

Guerra religiosa

En medio de estos antagonismos se dirime la segunda vuelta. La ultraderecha no solo ha promovido la autodefensa de los brasileños. Su consigna "Dios, patria y familia" ha trastocado tradiciones republicanas. De acuerdo con Maurício Thuswohl, por primera vez desde el final de la dictadura, en Brasil, un país oficialmente laico, "la Biblia ha ocupado el lugar de la Constitución" en virtud de la alianza del bolsonarismo con las iglesias pentecostales que representan el 30% de la feligresía.

"El hambre, el desempleo, la inflación, la miseria, la educación, la salud, temas que afligen la vida de la mayoría, terminaron relegados a un segundo plano, mientras los candidatos eligen o se ven obligados por la dinámica de la disputa a mimar a pastores y sacerdotes y se dedican a negar su intención de cerrar templos, perseguir a los fieles, liberalizar el aborto o instituir baños unisex, como si no viviéramos en el siglo XXI", añade.

Aunque pierda este domingo, Bolsonaro ya ostenta un blasón victorioso. Por primera vez, el Congreso tendrá una mayoría de ultraderecha. En caso de que Lula sea el próximo presidente, tendrá que gobernar bajo la sombra de una legislatura hostil y el fantasma de la destitución.

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