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Inestabilidad en Europa

La sombra de un "otoño caliente" aviva el miedo y las protestas en Alemania

La crisis energética, la desbocada inflación y la incipiente recesión tensan las costuras sociales en la locomotora europea

Estación compresora de gas en Mallnow, Alemania. EFE

Una expresión se repite en medios y ciertos círculos políticos en Alemania desde hace semanas: "otoño caliente". Con ella, periodismo y política pretenden resumir a lo que podría enfrentarse el país si se materializan los peores escenarios; es decir, revueltas sociales e inestabilidad política si la inflación sigue aumentando, si la crisis energética se endurece, si la recesión acaba llegando, y si, en el peor de los casos, la falta de energía genera un colapso industrial, al menos parcial, que podría desembocar en mayor desempleo y en desabastecimiento de determinados productos.

Las voces del Gobierno federal son contradictorias. Mientras la ministra de Exteriores, la verde Annalena Baerbock, no tuvo reparos en reconocer este verano que las autoridades alemanas podrían enfrentarse efectivamente a una oleada de protestas durante los meses de otoño e invierno, el canciller socialdemócrata Olaf Scholz viene repitiendo que el país mantendrá la concordia y se impondrá la cohesión social, a pesar de que la mayoría de la población alemana ya ha perdido un sustancial poder adquisitivo.

“Ya observamos que la población está bastante afectada por las crisis. Nos encontramos ante una superposición de crisis que llevan a la gente a estar insegura y preocupada, en la que los estratos económicos más bajos tienen verdaderas preocupaciones existenciales y entre las clases medias hay también verdaderos temores a la perder estatus social. El estado de ánimo es claramente inestable y también está marcado por el miedo”, asegura a El Periódico de Catalunya, del grupo Prensa Ibérica, Jana Faus, cofundadora de la agencia de análisis demoscópico Pollytix.

Oportunidad para AfD

Esa inseguridad ya se comienza a proyectar en las encuestas de intención de voto. La ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD), por ejemplo, lleva semanas repuntando. Algunas proyecciones ya colocan al partido ultra por encima del 13%. AfD, carcomida por las peleas internas, llevaba varios años languideciendo en torno al 10% de intención de voto. La actual coyuntura, plagada de incertidumbres y agravada por una política de comunicación del Gobierno bastante mejorable, se presenta así como una oportunidad de oro para la ultraderecha alemana.

Un análisis de Pollytix advierte, además, de otro peligro con el que Alemania ya tiene décadas de experiencia: la disposición a usar la violencia entre los militantes de los grupos extremistas, concretamente, de la ultraderecha y el neonazismo militante.

Otro partido opositor que se suma a la dialéctica del "otoño caliente" es La Izquierda, coalición de poscomunistas germanoorientales y exsocialdemócratas del Alemania occidental. La formación, que estuvo a punto de quedarse fuera del Bundestag en las últimas elecciones federales del pasado septiembre, intenta ganar perfil político y remontar en intención de voto con un discurso social que exige una mayor cobertura para las clases trabajadoras, los jubilados y los desempleados. La Izquierda y AfD coinciden en el uso de determinadas expresiones respecto a la crisis que enfrenta Alemania, aunque desde posiciones política opuestas.

Inflación de dos dígitos

En un país con un miedo histórico al aumento de los precios, la inflación se acercó en septiembre al 11%, la cifra más alta en varias décadas. “Estamos ante una ‘estanflanción’, es decir, la combinación de una economía estancada o incluso en declive y una inflación alta. Se trata de una crisis generada por la falta de oferta. Los últimos años solíamos estar acostumbrados a crisis generadas por la falta de demanda. Pero ahora tenemos una falta de oferta de mercancías, especialmente grave en la energía y las cadenas de valor añadido. Una ‘estanflanción’ es una noticia muy mala, porque la política puede hacer mucho menos que ante una demanda débil”, asegura Clemens Fuest, presidente del Ifo.

Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, el Gobierno de Scholz ha aprobado tres paquetes de ayudas para ciudadanía y empresas que combina transferencias directas con alivios fiscales. Para ello, ha movilizado alrededor de 95.000 millones de euros. Con todo, la valoración del Gobierno tripartito de socialdemócratas, verdes y liberales no deja de caer, lo que denota una crisis de confianza hacia las autoridades en una coyuntura volátil e impredecible, algo que irrita a la ciudadanía alemana, amante de las certidumbres.

Los expertos consultados por este diario dudan de que ese "otoño caliente" se acabe traduciendo en revueltas sociales e inestabilidad política, aunque no minimizan el impacto social de la inflación y dan por hecho una oleada de protestas sociales, cuya magnitud todavía es difícil de prever. Alexander Kriwoluzky, jefe de análisis macroeconómico del instituto DIW, le da una dimensión europea a sus predicciones: “En Alemania la situación probablemente será controlable. Será mucho más difícil en Italia, donde tenemos elecciones y es muy posible que llegue al poder un gobierno no proeuropeo. La situación económica allí puede agravarse una vez más, por lo que si algo se gesta en Italia, también llegará en algún momento a Alemania.”

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