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Relevo en Downing Street

Los imponentes desafíos que esperan a Liz Truss como nueva primera ministra británica

La crisis energética es la primera emergencia a afrontar y con la que se definirá su mandato

Liz Truss, junto a la Reina Isabel II. EP

Conseguir el sueño que más se desea puede transformarse en la peor pesadilla. Liz Truss se corona como primera ministra del Reino Unido, pero llega al cargo en circunstancias mucho más adversas que sus predecesores. El país no se enfrentaba a una crisis económica del calibre de la actual desde los tiempos de Margaret Thatcher. Los retos económicos llegan entrelazados con la inestabilidad internacional, la guerra en Europa, Rusia cerrando la espita del gas. A los problemas que también sufren otras naciones se une en el caso británico el Brexit y la pretensión de Truss de seguir desafiando a Bruselas con el Protocolo de Irlanda del Norte. La primera ministra tendrá que hacer, además, muchos esfuerzos para mantener la disciplina en el Partido Conservador.

Crisis energética

La medida más urgente que debe tomar Truss es la intervención en el mercado energético para evitar la bancarrota de empresas y ayudar a los hogares británicos a sobrellevar la factura de la luz y el gas. El paquete en discusión tendría un coste, de acuerdo con los medios, de 100.000 millones de libras (116.000 millones de euros). Truss puede anunciar los planes este mismo jueves, con medidas que incluirían la congelación de los precios de la energía, para proteger familias y negocios y para terminar con la actual incertidumbre sobre lo imprevisible de los incrementos. La duración de ese plan podría ser de entre 18 meses y dos años, hasta la próxima elección general en 2024.

Servicios públicos

La inflación y el coste de la energía han puesto a muchos servicios públicos al borde del precipicio. Es el caso de la sanidad pública (NHS), la justicia o la educación. Los hospitales aún no se han recobrado de la epidemia del covid y las listas de espera son de muchos meses. Lo mismo ocurre en el servicio de ambulancias y en los ambulatorios, mientras los pacientes que necesitan un dentista no lo encuentran. Los agravantes actuales (pandemia, crisis energética) vienen a sumarse a muchos años de falta de inversiones, que una inyección de dinero ahora no va resolver. "Faltan doctores, enfermeros, jueces, profesores", señala Nick Davies, director del Programa del Equipo de Servicios Públicos del Instituto del Gobierno. "Los servicios públicos funcionan ahora peor que antes de la pandemia", afirma y pone a modo de ejemplo del deterioro de años el que los ordenadores en los tribunales resulten inservibles porque los programas están anticuados, o el pésimo estado de las aulas con goteras. 

Malestar social

La merma de poder adquisitivo y el deterioro de las condiciones laborales ha extendido las protestas a todos los sectores. Los abogados penales están actualmente en huelga indefinida en disputa con el Gobierno por las condiciones salariales y la falta de medios en los tribunales. Los estibadores del puerto de Felixstowe, el servicio de correos, los basureros, los trabajadores del metro y el ferrocarril han hecho paros y huelgas este verano. En otoño profesores, personal de la sanidad y funcionarios votarán si también van a la huelga. Truss está considerando rebajar los derechos de los trabajadores con una legislación mucho más dura. Algo así supondría una confrontación directa con los sindicatos. 

Desafíos internacionales 

El Protocolo de Irlanda del Norte enfrenta a Truss con la Unión Europea. La nueva primera ministra aseguró en agosto que estaba "absolutamente decidida" a aprobar en las próximas semanas el proyecto de ley para que el Reino Unido suspenda unilateralmente esa parte del tratado internacional. Esas intenciones degradan las relaciones con Europa y también con Estados Unidos y la administración de Joe Biden, desde donde se han criticado, según filtró el Financial Times, las "posiciones apresuradas y maximalistas de Truss, sin pensar en las consecuencias". 

 La guerra de los 'tories'

La agenda de Truss no coincide con la de muchos de sus colegas conservadores. Su popularidad es baja en el grupo parlamentario. Uno de los mayores desafíos de la nueva primera ministra será imponer su autoridad. El limitado porcentaje por el que venció a su rival, Rishi Sunak, en las primarias (14 puntos) hará más difícil su trabajo.

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