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Diario de Mallorca

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En la frontera con Rusia

El país más feliz del mundo está preparado para la guerra

Finlandia tiene miles de búnkeres, el ejército más poderoso del norte de Europa y una cultura de "defensa total" que involucra al grueso de la población

Dos jóvenes en Helsinki. RICARDO MIR DE FRANCIA

Es un miércoles de julio en Helsinki, la capital de Finlandia, país más feliz del mundo por quinto año consecutivo. La ciudad ha huido hacia las casas de campo del archipiélago y el interior en una desbandada masiva que comienza con el solsticio de verano, el agosto español en versión escandinava. Los que se han quedado se desparraman por los parques y las terrazas entregados a un sol que ni duerme por las noches ni durará mucho. De ahí que hablar de la guerra resulte casi de mal gusto. El temor que desató la invasión de Ucrania ha perdido brío, así como el respeto a las amenazas iniciales de Vladímir Putin sobre la entrada de Finlandia en la OTAN. Pase lo que pase, el país se siente preparado. No en vano, lleva más de medio siglo esperando este momento. 

Finlandia es una fortaleza, por más que su envidiable estado del bienestar, su cultura política basada en el pacto o una diplomacia que recurre a la intimidad de la sauna para desatascar el diálogo sugieran lo contrario. Repartidos por todo el país hay más de 50.000 búnkeres y refugios antiaéreos, construidos en sótanos de apartamentos y espacios públicos a partir de los años cuarenta del siglo pasado, cuando Finlandia libró dos guerras con la Unión Soviética tras ser invadida por 450.000 soldados de Stalin en el gélido invierno de 1939, un Stalin que buscaba alejar las fronteras noroccidentales de la URSS para proteger San Petersburgo de un posible ataque alemán. “Todos somos víctimas de nuestra historia”, afirma el exjefe de la inteligencia militar finlandesa, Pekka Tovari, frente a las aguas plácidas del Golfo de Finlandia. “Hemos tenido decenas de guerras con Rusia y la amenaza casi siempre ha venido del este, de ahí que nunca hayamos bajado la guardia”. 

En la mentalidad de los dirigentes finlandeses, la Guerra Fría nunca acabó del todo. Mientras otros países europeos adelgazaban sus ejércitos, enterraban la mili y recortaban el gasto en Defensa, Finlandia mantuvo el servicio militar obligatorio y la talla de unas Fuerzas Armadas capaces de movilizar a 285.000 soldados en tiempos de guerra. A lo que hay que sumar un cuerpo de reservistas con cerca de 900.000 miembros y 300.000 civiles armados con una licencia de caza, cifras imponentes para un país con menos de seis millones de habitantes. “Somos un país pequeño en población y densidad con una frontera larguísima con Rusia”, dice la exsecretaria de Estado del ministerio de Exteriores finlandés, Teija Tiilikainen. “Esa vulnerabilidad geopolítica, unida a nuestra proximidad a un vecino inestable, impredecible y a veces agresivo, han moldeado nuestra política de Defensa”. 

Vuelco respecto a la OTAN

Ese vecino volvió a enseñar las garras en diciembre, cuando el Kremlin amenazó con “serias consecuencias políticas y militares” si Finlandia y Suecia movían ficha para integrarse en la OTAN. Para muchos fue un áspero déjà vu de los tiempos de la Guerra Fría, cuando 100.000 soldados soviéticos peinaban las fronteras finlandesas y Helsinki tenía que consensuar con Moscú sus posturas en política exterior o abstenerse en las votaciones de la ONU, una suerte de tutela que coartó la soberanía del país. “Aquellas amenazas fueron contraproducentes”, dice Tiilikainen al otro lado del teléfono. “En cuanto empezó la guerra de Ucrania, la opinión pública cambió de la noche a la mañana. Se pasó de poco más de un 20% de apoyo a la entrada en la OTAN a más de un 60%”. La neutralidad de antaño había volado por los aires.

La invasión también sirvió para reafirmar la estrategia de Defensa del país, conocida como “defensa integral”, en la que se involucra a todo el Gobierno y buena parte de la sociedad para reaccionar ante cualquier escenario de crisis. La ley prescribe algunas medidas. La construcción de búnkeres subterráneos en los edificios de ciertas dimensiones es una de ellas. Pero hay otras, como la necesidad de presentar un plan para demoler con rapidez cada puente que se construye o la obligación que tiene el Gobierno de mantener permanentemente reservas de alimentos y combustible para abastecer a la población durante un mínimo de tres meses, según las fuentes consultadas. 

“A partir de los 2000 nos dimos cuenta que la guerra ya no era necesariamente nuestra principal amenaza”, asegura Tovari, el antiguo jefe del espionaje militar. “Había otras como el terrorismo, las pandemias, la migración masiva o los ciberataques. Todas las agencias del Gobierno se pusieron de acuerdo para movilizar recursos y tener muy claro las responsabilidades de cada uno en semejantes situaciones”. Entre otras cosas, Finlandia redujo su dependencia energética de Rusia, de modo que cuando Putin optó hace unos meses por cortar en seco el gas que recibía el país, Helsinki apenas se inmutó. El gas ruso solo representa el 5% de su mix energético. 

Cursos militares para las élites

La “defensa integral” finlandesa tiene también un componente social muy marcado. Decenas de miles de sus ciudadanos han pasado por los llamados cursos de defensa nacional, creados para formar a las élites dirigentes (directivos de empresas, altos funcionarios, políticos o periodistas) en los principios de la defensa colectiva. Tuomas Forsberg, profesor de Relaciones Internacionales, cumplió con las cuatro semanas que dura el curso hace casi dos décadas. “Más que enseñarte a hacer la guerra, te enseñan sobre cadenas de suministrosgestión de crisis o el marco legal en situaciones de emergencia”, asegura frente a la Universidad de Helsinki. “Una de las ventajas de vivir en un país pequeño es que la gente se conoce y en una situación de crisis esas redes interpersonales pueden ser muy valiosas”, añade Forsberg. 

A poco más de una hora de la capital por carretera, Timo Vainio vende y repara armas en un pequeño taller junto a su casa, perdida por un camino de tierra incrustado en el bosque. “No ha aumentado la venta de armas porque las leyes son estrictas, pero sí se ha doblado el precio de la munición, lo que sugiere que tanto los reservistas como los cazadores están preocupados”, dice este veterano del ejército, que sirvió en Líbano y Kosovo. “La historia nos enseña que Rusia es una amenaza para Finlandia, pero llevamos mucho tiempo preparándonos para esto. Pase lo que pase, podremos sobrevivir”, añade antes de subirse al coche para irse a pescar.

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