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Diario de Mallorca

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Elecciones en Brasil

El ultraderechista Bolsonaro se hace llamar "el capitán del pueblo" en su carrera por la reelección

El presidente brasileño de extrema derecha no puede remontar la distancia que le saca su opositor, Luiz Inacio Lula da Silva | Ante la posibilidad de ser derrotado en las urnas, el líder cuestiona la transparencia del sistema electoral

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro.

"El capitán del pueblo, él va a vencer de nuevo/ él es de Dios y se puede confiar/ porque defiende a la familia". La canción se propaga por todo Brasil para promocionar la candidatura de Jair Bolsonaro. La música no puede cambiar la realidad y las encuestas por ahora le presagian al presidente una derrota en los comicios del 2 de octubre. El reciente sondeo del instituto FSB da cuenta de que Luiz Inacio 'Lula' da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), le ha sacado tres puntos más de ventaja al ultraderechista que va por la reelección. El exmandatario tiene esta semana una intención de voto del 41% en la primera vuelta, contra el 31% de su rival. La medición de Datafolha es mucho más favorable al aspirante izquierdista: 47% contra 28%, lo que lo colocaría a un paso de imponerse en primera vuelta. Esa posibilidad saca verdaderamente de las casillas al "capitán del pueblo".

Aunque ha estado en campaña desde que comenzó el año, Bolsonaro presentó oficialmente su candidatura el pasado domingo en Río de Janeiro ante unas 10.000 personas. A su lado estuvo el aspirante a la vicepresidencia y exministro de Defensa, Walter Braga Netto. Con el correr de las semanas, el bolsonarismo buscará dar demostraciones de fuerza más convincentes en las calles. Bolsonaro oscila por estos días entre un dificultoso esfuerzo por mostrarse mínimamente tolerante y una iracundia que incluye tanto la duda sobre la transparencia de los comicios como un remedio a ese eventual problema: el golpe de Estado.

Más allá de las bravatas están los datos de la realidad: Brasil es tan pobre como en los años noventa. La pandemia dejó heridas sociales y 677.000 muertos. A lo largo de estos dos últimos dos años se presentaron en el Congreso 140 peticiones de juicio político que no prosperaron. El titular de la cámara de Diputados, Arthur Lira y el Fiscal General de la República, Augusto Aras, bloquearon toda tentativa de investigación de las denuncias que pesan sobre el clan Bolsonaro.

Crecientes adversidades

Esa inmunidad política y judicial no tiene sin embargo correspondencia en las urnas. Buena parte del electorado que en 2018 premió a Bolsonaro con la presidencia le está dando la espalda. El caso de las iglesias pentecostales es en estos momentos ilustrativo. Cuatro años atrás, Bolsonaro se bañó en las aguas del río Jordán para congraciarse con esos feligreses. Un 70% de los brasileños que se consideraban evangélicos optó entonces por él. El presidente devolvió gentilezas a esas iglesias con cargos estratégicos en el Gobierno y el Estado. Esta vez, la situación parece ser diferente. La empresa Datafolha ha consignado que solo el 36% de los evangélicos repetiría el voto de 2018.

En las últimas dos semanas, marcadas por llamativos casos de violencia política, Bolsonaro abrió la mano para anunciar beneficios económicos a los sectores sociales más castigados y cerró a la vez el puño frente a la comunidad diplomática para repetir, sobre la base de 'fake news'que el sistema electoral no es transparente.

Luego atacó otra vez a las autoridades del Tribunal Supremo. "Estos pocos sordos vestidos de negro tienen que entender cuál es la voz del pueblo. Tienen que entender que quienes hacen las leyes son los poderes Ejecutivo y Legislativo", bramó. La respuesta de la sociedad civil no se hizo esperar. Salieron a luz diferentes pronunciamientos de la comunidad académica y empresarial en defensa de los comicios. "No toleraremos la violencia electoral, un subtipo de violencia política”, advirtió el presidente del Supremo, Edson Fachin, tras recibir a miembros del Colegio de Abogados de Brasil.

Creciente intolerancia

Las palabras de Bolsonaro suelen calar hondo entre los sectores más radicalizados de su base social. "Es posible que los lunáticos y los ingenuos lo tomen al pie de la letra. Sin embargo, quien observe un poco más allá de la superficie, ya se dará cuenta de cuánta desesperación hay en estas declaraciones", señaló el diario paulista 'Folha' en su editorial. "¿Hasta cuándo soportará el país tanto descaro? ¿Cuántos delitos de responsabilidad serán imputables a un presidente que está planeando astutamente un golpe de Estado para perpetuarse en el poder?", se preguntó por su parte el semanario 'Istoé'. "No se puede ser indulgente con la insensata cruzada golpista en marcha. El Congreso y el Tribunal Supremo tienen el deber cívico de hacer algo".

En este contexto, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, lanzó en Brasilia un inequívoco mensaje al Bolsonaro que intenta parapetarse detrás de los militares para desafiar los resultados de octubre. El enviado de Joe Biden aterrizó en Brasil para participar de una reunión de ministros de Defensa de toda la región. Pocas horas después de que el presidente asegurara que "el Ejército está de nuestro lado", en relación a su candidatura, Austin hizo saber cuál es la opinión de Washington. "Una disuasión creíble exige unas fuerzas militares y de seguridad preparadas, capaces y bajo un firme control civil".

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