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Relaciones España-Magreb

Argelia, con la democratización pendiente, aspira a recuperar su influencia en el mundo

El aparato militar y de seguridad sigue gobernando el país de forma colegiada pese a las masivas protestas que provocaron la salida del presidente Buteflika | El Gobierno argelino, que se considera una potencia regional y un referente del movimiento contra el colonialismo, anhela una proyección global

Argel, capital de Argelia y su ciudad más poblada e importante, se halla a apenas 50 minutos de vuelo de Barcelona; o lo que es lo mismo, a 521 kilómetros en línea recta, una distancia similar a la existente entre la capital catalana y Madrid. Al menos en lo que se refiere a la Comunidad Valenciana, Baleares, Región de Murcia y Cataluña, es el vecino sureño más próximo, más incluso que Marruecos. Con una historia reciente marcada por una sangrienta guerra de liberación nacional librada contra el poder colonial francés en los 50 y principios de los 60, se trata de un país con una clase política orgullosa, hipersensible a las cuestiones de soberanía y que no acepta con facilidad ser ninguneada. Gracias a su enorme extensión territorial, con 2,7 millones de kilómetros cuadrados, y a sus vastas reservas de gas y petróleo, tradicionalmente se ha considerado a sí misma como una potencia regional y un referente ideológico de movimientos como el anticolonialismo, un influyente papel que parece empeñado en recuperar en esta tercera década del siglo XXI.

El poder político argelino -le pouvoir, como se le conoce en los ámbitos periodísticos locales- no es "unipersonal", asegura a El Periódico de Catalunya Eduard Soler i Lecha, investigador sénior del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB). "En el proceso de toma de decisiones participa mucha gente, en muchos casos procedentes del ámbito militar y de la seguridad", continúa este experto. Un gobierno colegiado en el que, como en todo grupo humano, prevalecen las divisiones, siguiendo vínculos familiares o profesionales y conformando clanes que compiten entre sí y que en última instancia aspiran a colocarse y acaparar recursos. "Durante la presidencia de Buteflika, se habló mucho del clan de Tlemcén (una localidad cercana a la frontera con Marruecos) ya que el exjefe del Estado había nacido allí", concluye.

El ascenso del integrismo

Argelia fue escenario, a finales de los años 80 y principios de los 90, de las primeras elecciones verdaderamente libres y multipartidistas celebradas en el mundo árabe, una suerte de primera primavera árabe que catapultó a instituciones como las alcaldías al Frente Islámico de Salvación (FIS), una formación integrista musulmana que por aquel entonces se benefició del descrédito del antiguo partido único, el Frente de Liberación Nacional. El experimento democrático acabó en los primeros días de 1992 de forma trágica, cuando un golpe de Estado canceló la segunda ronda de las elecciones legislativas en las que el FIS se disponía a obtener una abrumadora victoria, desencadenando una cruenta guerra civil que provocó alrededor de 200.000 muertos y estremecedoras masacres y decapitaciones colectivas en varias localidades de la Mitija, la fértil llanura que rodea a Argel.

Transcurridas dos décadas de aquellos terribles sucesos, entre los años 2019 y 2020, el país norteafricano ha vivido al ritmo de multitudinarias protestas ciudadanas exigiendo reformas políticas, que solo han servido para apartar del poder a Abelaziz Buteflika, un longevo presidente que ejerció el cargo durante dos décadas, enfermo e incapaz en los últimos años de su mandato, pero que no han hecho avanzar al país en la senda de la democratización. "Durante la era de Buteflika, el Ejército había sido desplazado del centro del poder, pero con su marcha, los generales se han apoderado de nuevo de todos los resortes del poder; el actual presidente es solo un hombre de papel", afirma un periodista argelino con largos años de experiencia y afincado en Francia. Abdelmajid Tebboune, el actual jefe del Estado, fue elegido en los comicios celebrados en diciembre de 2019 sin oponentes de peso, que registraron una tasa de abstención récord, cercana al 60%, debido al llamamiento del movimiento opositor a boicotear la consulta electoral.

Más extenso de África

Como país más extenso del continente africano y referente de los movimientos que luchaban contra la colonización durante la década de los 70, Argelia siempre ha aspirado a contar con una "proyección global", un papel que en los últimos años había quedado muy limitado debido al delicado estado de salud del jefe del Estado. "Quiere volver a ser un país de peso", puntualiza el analista Soler i Lecha. De la era en que ejerció un papel global, mantiene "estrechos vínculos con Sudáfrica y goza de gran peso en la Unión Africana, que ha permitido incluso la membresía del Frente Polisario "en la organización", continúa el analista. Se define como un país "perteneciente al mundo árabe", "un y con un interés prioritario "en la zona del Sahel", concluye .

Debido este celo en todo lo que afecta a la soberanía nacional, la mayoría de los analistas ven difícil de creer que Rusia cuente con capacidad de obligar a Argel a adoptar decisiones de política exterior o más aún, a abrir una crisis con España, tal y como asegura el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares. "Estoy en desacuerdo; como paladín del no intervencionismo, Argelia se ha mostrado neutral en muchos de los conflictos recientes, y siempre protege con especial ahínco lo que considera son sus intereses nacionales", asegura Anthony Skinner, asesor independiente de riesgos para varios países, incluyendo Argelia. "Simplemente, el plan de conceder la autonomía al Sáhara occidental es imposible de asumir para las autoridades argelinas", destaca.

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