El ataque de Estados Unidos a una base militar siria supone "un antes y un después" en la política de Washington en Oriente Medio y en su relación con Rusia, explica Alberto Priego, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas. Para este experto, la acción ordenada por Donald Trump es un "toque de atención" a Siria.

"Trump dijo que un ataque con armas químicas era cruzar una línea roja. Y lo ha demostrado. Volvemos a los tiempos de Ronald Reagan, con la ecuación acción-reacción", dice Priego, para quien el actual presidente de EE UU tiene una visión distinta a la de su predecesor.

"Venimos de ocho años de inactividad en Oriente Medio de Obama, a quien no le interesaba la zona", señala Priego, para quien la apuesta del anterior presidente por un modelo energético basado en las renovables hizo que diera la espalda a Oriente Medio, algo que no coincide con el punto de vista de Trump, que quiere proteger el vínculo con el petróleo. "El ataque de hoy demuestra que EE UU, bajo el gobierno de Trump, va a intervenir siempre que considere que haga falta", añade.

Asimismo, la relación con Rusia queda al amparo de las consecuencias que surgen de esta nueva política de Washington. "Para Moscú, Siria es intocable porque le ofrece una puerta de salida a su ejército desde el Mediterráneo". Moscú está actuando contra los rebeldes en Siria, pero ha desplazado al país a sus mejores tropas y eso puede debilitar su lucha interna contra el terrorismo de raíz islamista dentro de sus fronteras, explica este experto.