El espectacular desarrollo de las redes sociales chinas se ha convertido en los últimos años en la pesadilla de muchos altos funcionarios del Partido Comunista de China (PCCh). Muchos internautas descubren que la vida de algunos de sus líderes y de sus familias se parecen más a las de cualquier magnate occidental que a la de los sacrificados camaradas de que habla la liturgia oficial. Los internautas, indignados, realizan campañas en la red para cazar a políticos deshonestos. El mes pasado, el director de la Agencia de Seguridad Laboral china, Yang Dacai, fue investigado después de que se publicaran en las redes sociales fotos en las que se le veía luciendo once relojes diferentes, todos de gama alta.

Cuando se acerca el XVIII Congreso del PCCh, que comenzará el 8 de noviembre, y que ha de elegir a la nueva cúpula del partido, bajo la previsible dirección del actual vicepresidente Xi Jinping, las zancadillas y las filtraciones van en aumento, ya que cualquier error puede eliminar a un rival.

Uno de los últimos caídos en desgracia ha sido Ling Jihua, director de la oficina general del Comité Central y hombre de confianza del presidente Hu Jintao.

Los expertos en la opaca política de Pekín aseguran que Ling esperaba un ascenso en el cónclave comunista. En lugar de eso, en septiembre pasado sufrió una humillante degradación a un organismo con nula influencia. Aunque oficialmente no se han aclarado los motivos, la prensa de Hong Kong relaciona su caída con un accidente de tráfico en el que murió su hijo, de 20 años, a bordo de un Ferrari 458 Spider que quedó destrozado en marzo pasado en una avenida de Pekín. En el deportivo viajaban otras dos mujeres, de las que al menos una estaba desnuda cuando se produjo el choque. La Policía acordonó la zona para evitar que se tomaran fotografías.

Después, tras la intervención de Ling, incluso se habría falsificado la partida de defunción para no manchar el apellido familiar.

Sanciones a las orgías

La escena de un universitario acompañado de dos modelos, conduciendo a toda velocidad un coche cuyo precio en China no baja de los 540.000 euros, no es inusual en Pekín. Lo que sí es difícil de explicar es cómo consiguió comprárselo a su hijo un funcionario estatal, ya que los políticos chinos están entre los peor pagados del mundo. Como ejemplo, el presidente Hu Jintao solo cobra unos 720 euros al mes. Y la verdad es que la mayoría de las familias políticas del gigante asiático no necesitan sueldos estatales, ya que se han enriquecido en los años del boom económico con negocios exclusivos. Eso evidencian informes de los últimos años silenciados en la prensa china.

El componente sexual de muchos de estos escándalos es un agravante en una nación que, hasta 1997, mantenía en vigor leyes que castigaban el sexo fuera de matrimonio. Las normas, aún hoy, castigan la participación en orgías, una situación en la que han sido pillados en los últimos años varios altos cargos políticos.

Los escándalos de los dirigentes preocupan en Pekín, ya que encolerizan a la población más la falta de libertades.

"En China es casi imposible separar la competencia profesional de la vida privada como ocurre en Occidente. Por eso un escándalo sexual no se perdona y es un motivo de destitución", señalaba recientemente Hu Xingdou, profesor del Instituto Tecnológico de Pekín al diario británico The Guardian.