29 de abril de 2012
29.04.2012

Pakistán y el fantasma de Bin Laden

La intervención, hace un año, de las fuerzas especiales de EE UU en territorio paquistaní para acabar con el exlíder de Al Qaeda ha sumido la relación entre ambas potencias nucleares en una profunda desconfianza

29.04.2012 | 08:30
Un seguidor de Bin Laden grita consignas contra EE UU.
Pakistán se esfuerza por suprimir el rastro de Osama bin Laden. En febrero, maquinaria pesada arrasó la propiedad del que fuera jefe de Al Qaeda en la ciudad militar de Abbottabad, en el norte del país, donde se escondía el terrorista más buscado del mundo a un paso de los cuarteles del Ejército. Además ha expulsado a su familia a sus países de origen (Arabia Saudí y Yemen) antes de que se cumpla el primer aniversario de su muerte el 2 de mayo. Pero Pakistán no podrá librarse de la maldición de Bin Laden con bulldozers y deportaciones.
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, el régimen talibán en Kabul no quiso extraditar a Bin Laden. Cuando EE UU invadió Afganistán, el líder de Al Qaeda huyó. Durante casi diez años se le buscó infructuosamente. El gobierno y el Ejército de Pakistán desmintieron los rumores que una y otra vez circulaban de que Bin Laden se había refugiado en esta inestable potencia nuclear. Hasta que finalmente los estadounidenses encontraron una pista que les condujo hasta Abbottabad. No estaban seguros de si realmente estaban siguiendo a Bin Laden junto con sus familiares, pero al final resultó que sí.
Al parecer con la tapadera de una campaña preventiva contra la polio en Abbottabad, un médico paquistaní ayudó a los estadounidenses a conseguir pruebas de ADN. En tanto, el médico ha sido cesado y podría ser juzgado en su país por traición a la patria. A raíz de esas investigaciones, en la noche del 1 al 2 de mayo del año pasado, fuerzas especiales estadounidenses de los navy seals despegaron en dos helicópteros desde Afganistán en dirección a Pakistán. Entraron en el espacio aéreo paquistaní sin llamar la atención. En total el operativo en la propiedad de Bin Laden duró 40 mintuos y el presidente estadounidense, Barack Obama, lo siguió en directo desde la Casa Blanca.
Los soldados mataron a cinco personas, entre ellas a Bin Laden, que según los estadounidenses no iba armado pero se resistió, y a un hijo suyo. El cadáver del líder terrorista fue trasladado en avión y lanzado a un lugar desconocido en el mar Arábigo. Los estadounidenses celebraron la muerte del enemigo número uno del país. El mundo es un lugar mejor ahora, dijo Obama entonces. "Hoy es un buen día para Estados Unidos".
Los paquistaníes, que oficialmente siempre fueron aliados de Estados Unidos en la lucha antiterrorista, se enfurecieron con la acción. Washington no informó ni al gobierno ni al Ejército de sus intenciones. Desde hace años se acusaba sobre todo al servicio secreto del Ejército paquistaní, el ISI, de haber jugado un doble juego y de haber apoyado en secreto a terroristas.
El hecho de que Bin Laden pudiese pasar años desapercibido en Pakistán no hizo más de alimentar la sospecha. Aun cuando Pakistán aseguró que no sabía nada del lugar donde se escondía Bin Laden, la imagen del país, que ya estaba dañada, se arruinó y ese daño no se subsanará en un plazo previsible.
La aniquilación de Bin Laden fue además la prueba definitiva de cómo desconfía EE UU de Pakistán. Hasta la fecha la relación bilateral no se ha recuperado del hachazo sufrido con este golpe y la sintonía entre ambas naciones no había desafinado tanto en los últimos diez años. El operativo contra Bin Laden fue la más dura afrenta de los estadounidenses a Pakistán, pero no la única.
En la actualidad, Pakistán está más lejos que nunca de la búsqueda de una solución al conflicto en la vecina Afganistán. Y en este punto el tiempo apremia, pues la OTAN quiere retirar de allí sus tropas de combate antes de que acabe 2014. En Washington nadie duda de que sin el apoyo de Islamabad no se conseguirá la paz y la estabilidad en Afganistán. Y un fracaso de la misión internacional en la región del Hindukush sería finalmente una victoria, aunque póstuma, para Bin Laden.
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