El intento de invasión de Cuba por la CIA para acabar con el régimen de Fidel Castro en 1961 fue un fracaso que cambió el mundo. La operación militar cambió las relaciones entre Estados Unidos y el resto de América; propició sin proponérselo la violencia guerrillera que sacudió el continente entre 1960 y 1980; hizo que la URSS tuviera un papel político al sur del Río Grande, poniendo al mundo al borde de una guerra nuclear e inspiró, sin querer, la doctrina de la seguridad nacional que causó en 50 años miles y miles de muertos y desaparecidos y acabó con gran parte de las democracias del continente.

Y lo curioso es que todo sucedió sin que alcanzara ni uno solo de los objetivos. El 16 de abril de 1961, un pequeño ejército de 1.500 exiliados cubanos, mercenarios extranjeros, agentes de la CIA y asesores norteamericanos invadieron Cuba por la Bahía de Cochinos, Playa Larga y Playa Girón, con el objetivo de derrocar a Fidel Castro, asesinarlo junto a todos sus jefes revolucionarios que dos años antes habían derrocado al dictador Fulgencio Batista, e instaurar en la isla un gobierno afín a los intereses económicos y políticos de la Casa Blanca.

La operación fue un estruendoso fracaso, una chapuza de organización, que terminó con entre 100 y 400 muertos y 1.189 prisioneros en manos de Castro. El fiasco consolidó la Revolución cubana y dañó el prestigio del flamante presidente de EE UU. John F. Kennedy, que había asumido el cargo apenas tres meses antes. La idea de invadir la isla la heredó de la agencia de inteligencia estadounidense (CIA) y de un poder militar en manos de ´halcones´ de la anterior administración de Dwight Eisenhower.

Obsesión por ´los barbudos´

Cuba era una obsesión para Washington desde el triunfo de la Revolución de los ´barbudos´, en enero de 1959 y la nacionalización por el régimen de Castro de empresas norteamericanas de la isla, en agosto de 1960. Eisenhower tenía la certeza de la gran influencia de la Unión Soviética de Nikita Khruschov sobre Castro, por lo que desde 1959 empezó a barajar planes de sabotajes, golpes internos, el asesinato del Fidel o la invasión de la isla. Finalmente, ganó el plan más drástico: invadir Cuba y asesinar a la plana mayor revolucionaria para instaurar un nuevo régimen con críticos de Castro y personalidades del exilio de Miami. La operación la capitaneó la CIA, que entrenó a los miembros de la llamada Brigada 2506, el número de un joven miembro muerto en un entrenamiento.

Hoy sabemos, gracias a los biógrafos de Kennedy, que fue informado del plan el 29 de noviembre de 1960, 25 días después de su elección. JFK puso en duda la aventura, pero no la suspendió.

El primer gran error de la CIA ocurrió el 15 de abril, cuando ocho aviones B-26, con la bandera cubana en el fuselaje, bombardearon los aeropuertos militares de la isla para destruir la aviación de Castro. No lo lograron, perdieron tres bombarderos y uno de ellos aterrizó en Miami, con el fuselaje agujerado a balazos. Su piloto dijo ser anticastrista y pidió asilo político. Pero la prensa descubrió que el avión era norteamericano y se le habían pintado los colores cubanos. Además, los agujeros no eran de armas antiaéreas sino de pistola del calibre 9 milímetros, así pues, todo era una estafa y el piloto era un impostor.

El 17 de abril la Brigada 2506, transportada por un falso carguero de la CIA, desembarca en Playa Girón y en Playa Larga. Los primeros combates los favorecen, hasta que 20.000 soldados, voluntarios y milicianos castristas los rodean. Poco a poco los invasores se quedan sin municiones y sin poder recibirlas de los buques de la CIA porque dos de ellos habían sido hundidos. Kennedy canceló una segunda oleada de bombardeos al verse engañado por su servicio de inteligencia que aseguró que una insurrección popular derrocaría a Castro al conocer la invasión.

Mientras los anticastristas se quedaban sin municiones, en la Casa Blanca, Kennedy y el jefe de la Armada, almirante Arleigh Burke sostenían un áspero diálogo. Burke le pedía apoyo aéreo y Kennedy se negaba.

–Almirante, no quiero a Estados Unidos envuelto en esto.

–Carajo, presidente —dijo Burke señalándose la frente. –Ya estamos hasta aquí envueltos en esto.

Kennedy vivió el fracaso perfecto y su primera derrota.