El Gobierno alemán alternó ayer las llamadas a la calma con el reforzamiento de los dispositivos de seguridad, tras conocer la existencia de planes concretos de atentado este noviembre e interceptarse en Namibia un artefacto sospechoso en un vuelo rumbo a Múnich.

Apenas 24 horas después de admitir tener constancia de "indicios serios" de planes de atentado, el ministro del Interior, Thomas de Maizière, compareció ayer nuevamente ante los medios, esta vez tras la alarma desatada por la detección de un supuesto explosivo en un vuelo de Air Berlin, la segunda mayor compañía aérea alemana. "Los controles han funcionado y eso es una buena noticia", indicó el ministro, quien llamó a la ciudadanía a "no dejar que el terrorismo modifique nuestro modo de vida". "La respuesta ante los intentos de sembrar el miedo no debe ser dejarse llevar por el pánico", dijo.

Según la televisión pública ZDF, el mecanismo interceptado, contenido en un equipaje del tamaño de un maletín de ordenador portátil, no contenía explosivos y todo apunta a que se trató de una trampa, tal vez para poner a prueba los dispositivos de seguridad de ese aeropuerto.

El hallazgo de un supuesto explosivo sucede al reforzamiento de los dispositivos de seguridad en aeropuertos, estaciones y demás espacios públicos de todo el país.

La fecha posible para la llegada de los presuntos terroristas a Alemania es el 22 de noviembre y se cree que su objetivo es algún mercadillo de Navidad u otra gran concentración humana. Varios miembros del presunto comando cuentan con visados para circular por la zona Schengen, y se cree que los ataques podrían producirse simultáneamente en varias ciudades, alemanas o europeas. Las autoridades estiman que unos 200 presuntos islamistas procedentes de Alemania han recibido instrucción en campamentos de Al Qaeda, de los cuales la mitad estarían de nuevo en Alemania.