Las delegaciones de medio centenar de países que asisten a la cumbre de la OTAN empezaron a llegar hoy a una Lisboa prácticamente tomada por la policía, para celebrar tres reuniones multilaterales que marcan una nueva era para la Alianza.

El presidente afgano, Hamid Karzai, fue uno de los primeros gobernantes en llegar a la capital lusa, donde el sábado se decidirá el futuro de la misión internacional en su país en una reunión entre los 28 miembros de la Alianza y los veinte más que aportan tropas.

La cumbre de Portugal quiere, además, acelerar la adaptación de la organización a nuevas exigencias, desde la apertura a otros países a su preparación para nuevas amenazas internacionales o la reestructuración que exige la crisis económica.

El nuevo "concepto estratégico" de la Alianza, un documento que recoge sus objetivos básicos, debe aprobarse en la sesión del viernes y el anfitrión de la reunión, el primer ministro portugués, José Sócrates, recordó hoy que la OTAN "no es la policía del mundo" y tiene que reforzar la cooperación entre países y organizaciones.

"Esta cumbre entrará, sin duda, en la historia de la organización", dijo Sócrates, tras resaltar la importancia de la reunión entre la Alianza y Rusia, así como las nuevas amenazas para la seguridad global a las que debe responder, entre ellas el terrorismo, los ciberataques, la piratería y el crimen organizado.

Para garantizar que la cumbre atlántica sea segura, Portugal ha extremado la vigilancia policial en la capital y los controles en los aeropuertos y en su única frontera terrestre, con España, en la que practicó varias detenciones y expulsiones.

El Servicio de Extranjeros y Fronteras luso (SEF) informó de que en las últimas 24 horas se había "controlado" a 82.552 personas e impedido la entrada a 127 extranjeros por motivos de seguridad relacionados con la conferencia de dos días de la Alianza Atlántica.

Dirigentes de las organizaciones civiles que han preparado una "contra-cumbre" en Lisboa acusaron a las autoridades lusas de no permitir el paso, sin motivo justificado, a pacifistas que intentaban sumarse a sus actos.

Además, la policía portuguesa detuvo a once personas e incautó varias armas blancas y una de fuego, así como material considerado "anti-OTAN" o utilizable contra las fuerzas de seguridad.

Pero los movimientos pacifistas más activos ante la cumbre de Lisboa, la Plataforma portuguesa Anti-Guerra Anti-Nato (PAGAN) y el Comité Internacional de Coordinación (ICC) de la coalición "No to War No to NATO", aseguraron que sus iniciativas son de "desobediencia civil" y "estrictamente no violentas".

El fuerte dispositivo de seguridad puesto en marcha por las autoridades portuguesas ante la cumbre incluye dos blindados policiales, aviones de combate, una fragata y cerca de 10.000 efectivos, entre policías, bomberos, sanitarios y protección civil.

Una de las mayores preocupaciones de las fuerzas de seguridad son los brotes de violencia que puedan surgir el sábado, cuando las organizaciones anti-OTAN han convocado su manifestación principal, en la que temen la presencia de miembros del grupo "Black Block", de orientación anarquista y violenta.

Pero el ministro luso del Interior, Rui Pereira, se mostró hoy confiado en que la cumbre se va a desarrollar con tranquilidad y subrayó que las fuerzas de seguridad están preparadas para garantizarlo.

La cumbre se celebra en el Parque de las Naciones, un complejo de edificios, centros de ocio y pabellones feriales levantado para acoger la Expo de 1998, que ha sido tomado prácticamente por las fuerzas policiales.

El recinto de la Feria Internacional de Lisboa en el que se reúnen los gobernantes está aislado con vallas e, incluso, alambre de espino y los trabajadores y clientes de las oficinas y comercios de la zona son identificados de forma rigurosa por la policía, que ha cerrado al público buena parte de esa zona de la capital.

Las delegaciones de los países asistentes están alojadas en hoteles repartidos por toda la ciudad y las autoridades lusas han establecido unos estrictos pasillos de seguridad que van a causar grandes problemas de tráfico en la capital, sometida a un despliegue policial nunca visto.