Casi 2.200 presos políticos malviven en las cárceles de Birmania (Myanmar), cuya Junta Militar ha ignorado los llamamientos de la comunidad internacional para que fuesen liberados y participasen en las elecciones del domingo pasado.

El régimen birmano que dirige el septuagenario general Than Shwe clasifica a este grupo como de delincuentes comunes y lo trata sin miramientos, hasta el punto que la nueva ley electoral les negó el derecho a militar en partidos y concurrir a los comicios del día 7.