Los últimos en salir del campamento saharaui ubicado en las proximidades de El Aaiún lo pagaron caro. 34 personas, "hombres, mujeres, niños y ancianos han sido asesinados en una tanque de agua cercano a las jaimas en las que vivían, los últimos que salieron", relata el activista Ali. I. A. desde la azotea de un bloque de pisos de El Aaiún, "no puedo ir por la calle hablando por teléfono, me detendrían al instante", asegura.

La voz le tiembla al otro lado del móvil, "los marroquíes se están llevan a los hijos varones de las familias, casa por casa, pegando y robando. Yo estoy con cinco niños que no saben dónde están sus padres, uno de nueve meses. Los marroquíes utilizan la política del todo vale, no se detienen ante nada, necesitamos urgente ayuda internacional", reclama el activista, que informa sobre dos personas más halladas "ahogadas en un río. De los que desaparecen no volvemos a saber más", dice.

Pero ya ni los móviles son seguros en la ciudad de El Aaiún. Ali, vinculado con Zamora por su voluntariado en la Asociación Amigos del Sahara de la capital, sólo consigue comunicarse con el exterior a través del correo electrónico, y alguna llamada furtiva no sin dificultad, "hay miles de controles, la ciudad está tomada por el ejército marroquí, que ha quemado, destrozado y saqueado nuestras casas golpeando a todo el que se ponía en su camino", relata.

Golpes, palizas y amenazas "a los más débiles, para sacarles información sobre los organizadores del campamento con el que protestábamos por nuestros derechos". Casa por casa, los marroquíes van sembrando el terror con "toda clase de armamento con el que intimidan a la población, aunque tampoco dudan en usarlas a su antojo", cuenta, en base a lo que ve en las travesías, convertidas en campo de batalla.

"No vamos a abandonar"

En "la ciudad de los valientes" los tanques y los camiones del ejército son los únicos que transitan unas calles en las que "vagan sin rumbo decenas de niños perdidos, fruto de las torturas que los marroquíes han infligido a sus familiares. Hay 163 personas desaparecidas además de 256 detenidos y más de 745 heridos", confirma el activista, que asegura que "hay mucha gente que no va a los hospitales por miedo. En los campamentos hay cinco niños quemados". Las calles, desiertas, tampoco son el escenario de la resistencia juvenil, "a la juventud se la están llevando a la llamada cárcel negra de El Aaiún, donde las palizas son habituales. Las familias van a preguntar por sus familiares y ni siquiera les atienden", se lamenta el activista, que asegura que "los saharauis no vamos abandonar la lucha por nuestra dignidad, cueste lo que cueste". Ali, que oculta su identidad por miedo a represalias marroquíes, culpa a la comunidad internacional porque "no esta haciendo nada para salvar y parar esta masacre salvaje a los civiles, niños, mujeres y ancianos".