Al menos 18 presos murieron en una cárcel de la ciudad brasileña de Sao Luis durante un motín que duró cerca de 30 horas en el que los amotinados mantuvieron como rehenes a seis guardias, uno de los cuales resultó gravemente herido, confirmaron a Efe fuentes oficiales.

Los amotinados, que en la mañana de hoy habían dejado salir de la cárcel a dos de sus rehenes, liberaron posteriormente a los otros y entregaron las armas tras una negociación en la que mediaron un juez y un pastor evangélico.

Los presos asesinados, tres de ellos decapitados, al parecer fueron víctimas de ajustes de cuentas entre bandas rivales de internos en dos de las seis unidades que integran el Complejo Penitenciario de Pedrinhas, el mayor centro carcelario de Sao Luis, la capital del estado amazónico de Maranhao (norte de Brasil).

Quince de las víctimas estaban recluidas en el Presidio Sao Luis, destinado a los condenados más peligrosos, y las otras tres eran internos de la Penitenciaría de Pedrinhas, en la que algunos tienen derecho al régimen semiabierto, dijeron a Efe portavoces de la Secretaría de Seguridad Pública de Maranhao.

Los amotinados solo aceptaron las negociaciones con la llegada del pastor evangélico Marcos Pereira y del juez Marcelo Lobao, que transmitieron la promesa de la dirección del presidio de promover mejoras en el abastecimiento de agua y en la calidad de la alimentación.

Los presos, que inicialmente no tenían reivindicaciones ya que su objetivo supuestamente era huir, lo que fue frustrado por los guardias, exigieron la separación de internos que pertenecen a grupos rivales, la aceleración de los procesos judiciales y mejoras en la alimentación.