Más de 60 personas murieron ayer en dos atentados contra mezquitas en el noroeste de Pakistán, una zona golpeada con frecuencia por una insurgencia acostumbrada a atacar en los últimos tiempos objetivos fáciles, como los lugares de culto.

El primer ataque ocurrió en la población de Akhurwal, situada en Darra Adam Khel, donde un suicida se inmoló en el interior de una mezquita y mató al menos a 57 personas y causó heridas a cerca de un centenar.

La detonación se produjo cuando cerca de medio millar de fieles estaban congregados en el lugar con motivo de la tradicional oración de los viernes.

Según algunos analistas, líderes tribales de esa zona se habían opuesto recientemente a la insurgencia talibán, que tiene una fuerte presencia en las adyacentes e inestables áreas tribales paquistaníes fronterizas con Afganistán.

La potente explosión causó el derrumbe de parte del techo del templo y varias personas quedaron atrapadas entre los escombros, según las cadenas de televisión paquistaníes.

En un comunicado, el primer ministro paquistaní, Yusuf Razá Guilani, condenó "el brutal asesinato de inocentes", que "muestra claramente que los insurgentes no tienen respeto por ninguna religión o creencia", y apostó por continuar luchando contra el terrorismo hasta "su completa eliminación".

A pocos kilómetros de la principal ciudad del noroeste paquistaní, Peshawar, capital de la conflictiva provincia de Khyber-Pakhtunkhwa, la zona de Darra Adam Khel es famosa por albergar uno de los mercados de armas más grandes de Asia. Horas después de la primera acción, un grupo de hombres armados atacó otra mezquita en el barrio de Badaber, situado en las afueras de Peshawar.

Los agresores lanzaron al menos tres granadas de mano contra el templo cuando en él se encontraban casi un centenar de personas para ofrecer el rezo vespertino y la explosión de las mismas provocó la muerte de tres fieles y heridas a otros 24.

El Ejército paquistaní y otros cuerpos de seguridad han lanzado en los últimos meses ofensivas contra los talibanes en varias zonas del noroeste y del cinturón tribal.

Y la insurgencia ha orquestado por su parte numerosos atentados, con frecuencia en lugares de culto, unos objetivos considerados fáciles por no contar con estrictos dispositivos de seguridad.