En vísperas de las elecciones que hoy definirán quién será el nuevo presidente de Brasil, la oficialista Dilma Rousseff y el opositor José Serra cerraron ayer sus campañas derrochando confianza y cantando victoria antes de tiempo.

Ambos candidatos escogieron para su último contacto directo con los electores la ciudad de Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, que con 14,5 millones de votantes supone el segundo núcleo electoral del país, después de la región de Sao Paulo, un tradicional bastión de Serra.

Así como coincidieron en Belo Horizonte, también lo hicieron en la forma en que clausuraron sus campañas, ambos a la cabeza de sendas caravanas de vehículos que, sin cruzarse, transitaron por distintas zonas de la ciudad y movilizaron a miles de partidarios.

"Me comprometo a gobernar para todos" y "sin ningún rencor", dijo Rousseff, candidata del Partido de los Trabajadores (PT), en alusión a la virulencia que por momentos alcanzó el debate con Serra, candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Rousseff volvió a agradecer al presidente brasileño, Inácio Lula da Silva, su mentor político, el apoyo que le ofreció a lo largo de la campaña, en la que participó casi a diario en mítines en favor de la candidata que él mismo escogió para que intente sucederle en la presidencia.

La candidata del PT fue preguntada por periodistas sobre el papel que pudiera tener Lula en su eventual Gobierno. "Obviamente", Lula no ocupará un cargo en el gabinete, declaró Rousseff, quien apuntó que aún así "nada la separará" del actual presidente, a quien volvió a calificar como "el mejor que ha tenido Brasil en toda su historia".

Serra, por su parte, a quien todos los sondeos sitúan con una desventaja de 10 a 12 puntos porcentuales en relación a Rousseff, volvió a insistir en que "la verdadera encuesta será en las urnas" y pidió a sus partidarios mantenerse en campaña hasta hoy, a fin de conseguir "un voto más".

También reiteró sus críticas a la omnipresencia de Lula en toda la campaña de Rousseff y recordó que "quien gobernará Brasil será el que gane mañana [por hoy] y no quien se inventó una candidata".

En la primera vuelta la candidata del PT se impuso con un 46,9%, pero no superó la barrera del 50% preceptiva, lo que le obligó a disputar la segunda ronda frente a Serra, el segundo candidato más votado, con el 32,6%.