Después de que el primer ministro británico, Gordon Brown, contemplase la opción de dar voz a los talibanes, el comandante de las fuerzas aliadas en Europa, John Craddock, mostró su aprobación a este supuesto en favor de un "proceso de reconciliación", aunque afirmó que la decisión última depende del Gobierno afgano, cuyo presidente Hamid Karzai ya tendió una mano a los talibanes a finales de septiembre para alcanzar la reconciliación nacional.

Entretanto, desde Washington se pide a los aliados europeos el envío de más tropas a su despliegue en Afganistán para ayudar a la estabilización. Craddock se reunió ayer con el ministro de de Defensa alemán, Franz Josef Jung. Tras el encuentro, el jefe militar de la OTAN, respondió a Brown, que esta semana apostó por dar a la milicia talibán un "lugar en la sociedad legítima" si deponían las armas y se ceñían a la política. "Creo que es importante en un proceso de reconciliación", defendió Craddock, aunque es una decisión que corresponde adoptar en última instancia al Ejecutivo afgano.

"Ellos decidirán dónde están las líneas entre moderados y extremistas", añadió. En este sentido, las aspiraciones de los talibanes deben ser "transparentes, abiertas y entendidas por todos los elementos que pueden resultar afectados", precisó.

Craddock había rechazado anteriormente cualquier tipo de inclusión de los talibanes en un proceso hacia la paz y la democracia, pero dado que el 60% se encuentra actualmente en una situación de "razonable seguridad", la OTAN defiende ahora favorecer de otra forma el desarrollo, especialmente en el sur y el este del país.

El secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, exige más efectivos para ayudar en la estabilización del país. Por este motivo, ayer se reunió en Edimburgo con los ministros de Defensa y Exteriores de los ocho países que han desplegado tropas en el sur de Afganistán: Gran Bretaña, Canadá, Australia, Dinamarca, Holanda, Estonia, España y Rumanía.

Por otra parte, Corea del Sur completó ayer la retirada de sus tropas en Afganistán, un repliegue previsto para finales de año que fue espoleado por la presión social que provocó el secuestro de 23 surcoreanos, de los que dos fueron ejecutados, y la muerte de un soldado.

Después de casi seis años en Afganistán, el último destacamento militar surcoreano, compuesto por 195 soldados, abandonó el país y regresó a Corea del Sur.