Bielorrusia ofreció ayer su ayuda a Rusia para contrarrestar el despliegue del escudo antimisiles de EEUU en Europa, mientras Moscú concedió a Minsk un préstamo de 1.500 millones de dólares y prometió no subirle el precio del gas.

Así lo anunciaron durante su reunión en Minsk los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko, cuyos países forman sobre el papel una "Unión de Estados" con vistas a una mayor integración.

Putin viajó a Minsk por primera vez en un lustro para intentar superar las divergencias surgidas en los últimos años, sobre todo por problemas energéticos y financieros, y que han paralizado el acercamiento bilateral en los terrenos político y económico.

Tras cuatro horas de encuentro, ambos gobernantes inauguraron una reunión de los órganos dirigentes de su "Unión de Estados" con sendos discursos, el de Putin centrado en lo económico y el de Lukashenko en la cooperación política y militar.