Los 246 diputados que componen las dos cámaras legislativas suizas debían hoy escoger a los 7 miembros que forman el Consejo Federal, el órgano ejecutivo helvético.

Uno por uno y por orden de antigüedad, los legisladores reeligieron a los ministros que formaron parte del gabinete durante esta legislatura, pero cuando llegó el turno de votar por Blocher, los diputados de izquierda y los democristianos lograron vencer al resto de partidos y arrebatar el escaño al ministro de la Unión Democrática de Centro (UDC) tachado de racista por la mayoría del arco político.

Los diputados, sin embargo, votaron a favor de otra legisladora de la UDC, Eveline Widmer-Schlumpf, consejera de Estado y situada mucho más al centro que Blocher.

Durante más de dos horas se esperó a que Widmer-Schlumpf dijera si aceptaba o no el cargo. Finalmente, la legisladora anunció que se tomaría un día para reflexionar, es decir, hasta mañana jueves.

Diversos analistas y comentarias periodísticos helvéticos señalaron las presiones a las que deberá hacer frente Widmer-Schlumpf por parte de la cúpula de su propio partido, que ha reiterado que abandonarían el gobierno colegiado y pasarían a la oposición en caso de que sus dos ministros no fueran reelegidos.

La incógnita reside en si el otro ministro de la UDC reelegido hoy, Samuel Smicht, que en múltiples ocasiones ha demostrado ser mucho más tolerante y abierto al consenso que Blocher, aceptará retirarse del Ejecutivo.

En caso de que la UDC salga del gabinete, finalizaría la llamada "fórmula mágica" que ha regido el país desde hace más de 70 años y que establece que todos los partidos mayoritarios estén representados en el gabinete.

Durante 50 años, el Partido Socialista (PS), el Partido Democristiano (PDC) y el Partido Radical (PRD) coparon cada uno dos de los siete puestos del Consejo y la UDC el séptimo restante.

El sistema se quebró en el 2003 cuando, apoyado por el peso de las urnas, que le habían posicionado como el partido más votado de Suiza, la UDC desplazó a un ministro democristiano y Blocher obtuvo su puesto.

Le han seguido cuatro años de polémicas iniciativas "blocherianas", muchas de ellas tachadas de racistas y xenófobas no sólo por sus oponentes políticos, sino por la mayoría de las organizaciones sociales del país y hasta por relatores de Derechos Humanos de la ONU.