La canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro polaco, Donald Tusk, acordaron ayer abrir una nueva etapa en las relaciones bilaterales más franca y sin tabúes, tras el desgaste que éstas sufrieron durante los dos años de gobierno de Jaroslaw Kaczynski.

"Hemos acordado que no esquivaremos ningún problema y creemos que los problemas tienen solución", dijo Merkel al término de una reunión con Tusk en la Cancillería, la primera entre ambos desde que éste asumiera el poder.

Tusk, a diferencia de su predecesor, dejó patente su espíritu dialogante y disposición, como Merkel, a tratar los problemas "sin emociones", "buscando la mejor solución para nuestros pueblos" y "en base al entendimiento y la confianza mutua que se espera de dos socios europeos y a la postre vecinos"

Tusk, no obstante, ha heredado de Kaczynski una agenda bilateral empañada por dos proyectos alemanes irritantes para Polonia, la construcción de un gasoducto con Rusia en el Báltico y la apertura de un centro en memoria de los desplazados alemanes tras la Segunda Guerra Mundial.

Respecto del gasoducto, que garantizará a Alemania el suministro de gas ruso sin pasar por Polonia, Merkel y Tusk acordaron poner en manos de sus respectivos ministros de Economía el asunto para que sean ellos los que analicen los pormenores del asunto.