Apenas un día después de las elecciones parlamentarias en Rusia, muchos moscovitas quedaron perplejos ante el panorama que presentaba su ciudad: De la noche a la mañana, las miles de banderas del partido Rusia Unida desaparecieron, y los carteles que pedían el voto para su primer candidato, el presidente Vladimir Putin, volvieron a ceder su lugar a los anuncios de residencias de lujo y de lencería erótica.

Pero mientras la normalidad volvía a dominar la calle, en los entresijos del poder se desataba una escalada de tensión ante el anuncio de una decisión personal de trascendencia mundial: la gobernadora de San Petersburgo, Valentina Matviyenko, una de las políticas más conocidas del país y mujer de la más estrecha confianza de Putin, anunció que el partido revelará el 17 de diciembre qué candidato presentará en las presidenciales de marzo.

Putin sabe bien que el candidato designado sólo tendrá posibilidades de ganar la presidencia si cuenta con su apoyo. Pero hasta ahora hay pocas pruebas confiables de que el jefe del Kremlin haya decidido ya a quién brindar esa confianza que abrirá las puertas del próximo mandato presidencial.

El "sistema Putin" se asemejó este año a un viaje político en montaña rusa. El mandatario pidió al pueblo estas últimas semanas que le diera las riendas del país en un acto de confianza más o menos ciego, y hasta ahora nadie sabe con exactitud cuáles son los planes de Putin y su entorno.

Así, el Kremlin había lanzado a los dos vicejefes de gobierno, Serguei Ivanov y Dimitri Medvedev, a una carrera electoral no declarada. Pero en cuanto los dos amigos de Putin comenzaron a apuntarse tantos con la población, el jefe asumió el control y nombró al experto en finanzas Viktor Zubkov nuevo jefe de gobierno.

Zubkov anunció, también con anuencia del Kremlin, sus ambiciones presidenciales. Pero en seguida Putin volvió a quitar protagonismo al nuevo precandidato y retomó la iniciativa al anunciar que encabezaría la lista de Rusia Unida en las elecciones parlamentarias.

El presidente también dejó correr las especulaciones que apuntan a que, ya sea desde el cargo de jefe de partido o como jefe de gobierno, seguirá controlando el destino del país. No satisfecho con esto, el ex agente de la KGB también alentó un movimiento que lo propone como "líder nacional" con derecho a una presidencia vitalicia.