El ataque de presuntos insurgentes contra un mausoleo chiíta en Samarra, el segundo que sufre ese santuario en apenas 16 meses, desató ayer el temor a que se recrudezca aún más la violencia entre chiítas y sunitas en Irak.

Sin embargo, en las primeras horas tras el atentado, en el que fueron derribados dos alminares de este templo, la reacción del Gobierno del chiíta Nuri al Maliki y de los principales líderes de esta comunidad ha sido de una relativa contención y llamada a la calma.

El Ejecutivo iraquí decretó un toque de queda indefinido, que entró en vigor a las 15.00 hora local (11.00 GMT), para evitar que se reproduzcan las reacciones de ira que siguieron a la explosión de la cúpula de este mausoleo el 22 de febrero de 2006.

Sin víctimas

Según fuentes policiales de la provincia de Salahedín, donde se encuentra Samarra, no hubo víctimas en el ataque de ayer, perpetrado con algún artefacto en el interior del templo, aunque sí graves daños sobre los alminares, que además fueron atacados antes de la explosión por fuego de morteros.

"Los dos alminares junto a la cúpula dorada del santuario se desplomaron por los proyectiles de mortero y una carga explosiva", dijo un testigo ocular.

Todavía se desconoce cómo los autores del atentado pudieron introducirse para llevar a cabo su acción en el santuario, que está fuertemente custodiado por las tropas iraquíes las 24 horas del día.

La máxima autoridad chiíta de Irak, el ayatolá Ali Sistani, pidió "autocontención" a sus seguidores tras el atentado, y publicó una "fatua" prohibiendo cualquier acto de venganza.

"Llamamos a todos los iraquíes a que eviten ser arrastrados a la sedición confesional", dijo Sistani, en uno de sus raras intervenciones en la vida política del país.