El presidente de EEUU, George W. Bush, y el primer ministro británico, Tony Blair, dos aliados que han marcado la política mundial en los últimos años, se dieron ayer un adiós melancólico en su última reunión oficial. "Es un momento nostálgico para mí", confesó Bush. "Siento que haya llegado, pero así es la vida", añadió el presidente tras un encuentro de una hora con el líder extranjero el que más ha confiado en sus seis años y medio en el poder.

Blair evitó hacer referencias personales en las declaraciones a los periodistas tras la reunión, tal vez por no dar material a los diarios británicos que le ha calificado como el "perro faldero" de Bush. Y es que el legado de Blair, por el que tanto se preocupa ahora que está en vísperas de abandonar Downing Street, está vinculado de forma indisoluble a Bush.

Cuando el líder laborista mire atrás el 27 de junio, al presentar su dimisión a la Reina Isabel II, podrá jactarse de haber logrado la paz en Irlanda del Norte, y haber reparado los sistemas de salud y educación, dejados de lado por 18 años de conservadurismo alérgico a lo público.

También recordará su promoción de la "Tercera Vía" económica, como alternativa al comunismo y al capitalismo sin corazón, y el haber sido el laborista que ha gobernado Reino Unido por más tiempo en la historia del país. Sin embargo, es Irak lo que ha dejado su marca de fuego en su gestión y el motivo de su partida. Una revuelta en su propio partido por el descontento de los votantes con la participación británica en esa guerra lo ha obligado a pasarle el bastón a Gordon Brown, su ministro de economía, que ha esperado durante años ese momento.

Bush, por su parte, pierde a su apoyo más fiel en la escena internacional, a alguien que le ha ayudado de forma pública y también tras bambalinas, al intentar mediar, por ejemplo, con el francés Jacques Chirac y el alemán Gerhard Schröeder para convencerles de que abandonasen su oposición a la invasión de Irak. Reino Unido bajo Blair ha sido el único país que ha enviado tropas a Irak en números significativos y el que ha permitido a Bush hablar de un verdadero esfuerzo "internacional" y una "coalición" en el país mesopotámico.

Además, Bush ha confiado en Blair en mil otros asuntos de relevancia internacional, desde el programa nuclear en Irán hasta la situación en Afganistán y las negociaciones atómicas con Corea del Norte.

Ayer, de nuevo, ambos líderes mostraron esa sintonía al hablar de Darfur. "Estamos ansiosos por que se tomen acciones enérgicas" contra el Gobierno de Sudán, dijo Blair, en nombre de los dos.