Un total de 15 agentes necesitaron asistencia hospitalaria ambulante al sufrir irritaciones en piel y ojos, después de que activistas radicales lanzasen una bomba de humo contra las fuerzas antidisturbios.

Estas efectuaron 66 detenciones preventivas, aunque, según el portavoz policial, la jornada se desarrolló con relativa tranquilidad y la noche ha transcurrido sin incidentes destacables.

Los manifestantes antiglobalización tienen intención de continuar un día antes del comienzo de la cumbre del G8 a orillas del Báltico sus protestas, que pretenden extender al aeropuerto de Rostock-Laage, al que llegarán los mandatarios de las naciones más industrializadas del planeta.

Sin embargo, el Tribunal Superior Administrativo de Greifswald estableció este lunes que un máximo de 50 personas podrá manifestarse a las puertas del aeródromo y que, además, estas deberán haberse identificado ante las autoridades con 24 horas de antelación.

El presidente estadounidense, George Bush, que llega esta noche al lugar de la cita, no se enterará, al igual que el resto de los invitados, de las acciones de protesta, ya que, tras llegar al aeropuerto, se desplazarán al balneario en helicóptero.

Mientras tanto, la policía muestra una presencia masiva y permanente en Rostock y el perímetro de seguridad en torno al balneario de Heiligendamm, que se encuentra rodeado de una valla de seguridad de más de 10 kilómetros, a la que los manifestantes no pueden acercarse en un radio de 5 a 10 kilómetros.

Tras los graves disturbios del pasado sábado en Rostock, en los que resultaron heridas unas 1.000 personas, la mitad de ellas policías, las autoridades están decididas a mantener el orden con la máxima severidad.

Un total de diez personas, cuatro alemanes y seis extranjeros, dos de ellos españoles cuya identidad no ha sido facilitada, se encuentran desde entonces en prisión preventiva acusados de grave alteración del orden público y lesiones peligrosas y no serán liberadas hasta que finalice la cumbre el viernes próximo.