Dos soldados estadounidenses perdieron la vida ayer al estallar una bomba de carretera en el oeste de Bagdad, con lo que el número bajas estadounidenses en Irak supera la barrera psicológica de 2.000 fallecidos.

Ambos uniformados, miembros de la Segunda División de marines, perecieron en un combate con rebeldes en los alrededores de la localidad de Ameriya, vecina a la ciudad de Faluya, uno de los feudos de los grupos insurgentes que ensangrentan Irak.

Con su muerte, anunciada ayer por el mando militar a través de un comunicado, el Gobierno de Bush se enfrenta al amargo recordatorio de una cifra de fallecidos muy superior a las peores previsiones cuando en marzo de 2003 comenzara la invasión de este país.

Aumentan las protestas

Así las cosas, numerosos grupos en Estados Unidos están involucrados en una campaña en contra de la presencia militar norteamericana en Irak debido, precisamente, al elevado número de bajas sufridas.

La cifra simbólica de los 2.000 muertos podría espolear las protestas de aquellos que piden al presidente George W. Bush que retire los cerca de 150.000 efectivos que el Ejército de EEUU tiene destacados en territorio iraquí.