Estados Unidos sigue con atención los preparativos del juicio contra Sadam Husein que comienza hoy en Irak pero, aunque ha aconsejado a las autoridades en sus preparativos, insiste en que éste es un proceso iraquí.

Estados Unidos ha aportado abogados que investigan el caso y apoyo técnico, y sus tropas han proporcionado seguridad durante los preparativos del proceso.

Washington ha indicado que seguirá con atención el caso, pero subraya que se trata de una cuestión interna iraquí.

Para EEUU, el juicio es un arma de doble filo: por un lado, llevar a Sadam Husein ante los tribunales puede servir de recordatorio sobre las razones de la invasión y la crueldad de aquel régimen a unos ciudadanos estadounidenses cada vez más escépticos sobre la marcha de la guerra.

Pero, por otro, puede ahondar en el antiamericanismo ya muy extendido entre los países musulmanes, que pueden ver el juicio como una nueva humillación a un líder árabe. También puede salir a relucir la alianza entre Sadam Husein y Estados Unidos en la década de 1980, durante la guerra entre Irán e Irak.

Para el Departamento de Estado, el juicio representa un paso adelante para cerrar un "capítulo negro" en la historia de Irak.

"Nuestro punto de vista sobre el proceso es que Sadam Husein es responsable de la opresión brutal de su propio pueblo y las muertes de decenas de miles de personas", apuntó el portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack.