Un estudiante español, que llegó hace apenas dos semanas a Nálchik para estudiar ruso, vivió de lleno el infierno de los combates callejeros desatados por un ataque de la guerrilla contra la capital de Kabardino-Balkaria.

"Estábamos en clase, en la Universidad, cuando pasadas las nueve se escuchó una potente explosión y luego empezó el traqueteo de ametralladoras", relató a Efe desde Nálchik Jesús, un madrileño de 24 años que pidió no mencionar su nombre completo. Poco después al aula entró alguien de administración y ordenó evacuar el edificio de la Universidad.

"Salimos todos a la calle por las puertas traseras, pues desde la avenida por la que cada mañana entramos a la Universidad se veía una columna de humo y se escuchaban intensos disparos. Creo que si todo hubiese empezado antes, habría muchas víctimas entre los estudiantes", relató.

Todos intentaban llamar, pero los teléfonos móviles no funcionaban, ya que, según se supo después, los guerrilleros que atacaron la ciudad volaron una estación base.

Tampoco funcionaba el transporte y la única forma de regresar a sus casas era a pie, cruzando toda la ciudad de norte, donde se encuentra la Universidad, a sur, donde está la casa de la familia que acoge al estudiante español.

"Aquí esto es normal, esto es el Cáucaso", le dijo, con una sonrisa, el profesor que se ofreció a acompañarle a su casa atravesando la capital balkar. "La verdad es que se veía tensión, pero la gente no parecía sorprendida, nadie corría ni se veían señales de pánico", relató Jesús.

Pronto, sin embargo, la ciudad quedó primero desierta y luego invadida por vehículos militares y uniformados. "Los tiroteos, aunque esporádicos, parecían escucharse por todos lados, desde varios puntos subían columnas de humo y pasaban a vuelo rasante parejas de helicópteros", aseguró.

El camino fue más largo de lo que se esperaba, pues a medida que se aproximaban al centro las arterias principales de la ciudad se iban bloqueando por camiones militares, y los cordones policiales y militares impedían el paso.

Una hora más tarde ya no se veían civiles en las calles, los combates se escuchaban por todas partes y hubo que avanzar de portal en portal, resguardándose de las balas furtivas. "Por fin llegué a casa. La familia que me acoge no sabe inglés y yo aún no hablo ruso, pero me dieron a entender que estaban preocupados", señaló.

Jesús intentó comunicarse por teléfono con su familia en España o con la Embajada española en Moscú, pero la línea no funcionaba. Por eso, poco más tarde y pese a la resistencia de sus anfitriones, volvió a salir a la calle para ir a Correos e intentar llamar. Pero, agregó, "el edifico de Correos estaba cerrado. Por todas partes se veían camiones, carros blindados y solados, que me paraban y decían que me resguardara en alguna parte".

Sólo varias horas después logró mandar un SMS al móvil de su hermana en España y comunicar que estaba vivo y a salvo. Por la tarde los combates adquirieron nueva intensidad y los tiroteos siguieron escuchándose durante toda la noche. Ayer por la mañana, al este y oeste de la ciudad, seguían viéndose columnas de humo.