Tras el acuerdo para entablar negociaciones de coalición, socialdemócratas y conservadores empezaron ayer a preparar por separado sus respectivas estrategias y a concienciarse de que a partir de ahora deberá primar la cooperación y no el enfrentamiento.

"El parámetro que debe guiar nuestro trabajo es la solución de problemas. Ese es el criterio, y no el cumplimiento de los programas electorales". Así definió ayer el secretario de organización del grupo parlamentario conservador, Norbert Roettgen, el reto que se plantea a partidos que hasta ahora habían mantenido posturas encontradas en muchos aspectos.

De ahí que para algunos, como el propio presidente del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), Franz Müntefering, el éxito de las negociaciones no esté todavía garantizado.

Ayer, Ute Vogt, otra de las vicepresidentas del partido, abundó en la misma dirección al subrayar que todavía no se puede decir si las negociaciones con los conservadores concluirán con éxito. Vogt calculó que las posibilidades de llegar a un acuerdo son de un "60 por ciento".

El vicepresidente del grupo parlamentario socialdemócrata Michael Müller señaló que el éxito de las negociaciones dependerá de la capacidad de ponerse de acuerdo en los contenidos. "Va a ser muy difícil (trabajar) con ella, porque creo que no vale (para el cargo)", declaró ayer a la ZDF.

Para los conservadores tener que asumir consignas claramente socialdemócratas ha resultado un sapo difícil de tragar, pero ese ha sido el precio que han tenido que pagar para obtener la Cancillería.

"¿Quién ha ganado las elecciones? Angela Merkel ha llegado a la cima. ¿Pero es así de verdad?" se preguntaba el Die Tageszeitung, antes de responder que el precio que pagará para asumir la Cancillería consiste en abandonar casi todo lo que quería políticamente.