Cientos de miles de franceses, un millón según los sindicatos, menos de medio millón según la policía, se manifestaron ayer para pedir un cambio de política social al primer ministro, Dominique de Villepin, quien aseguró haber escuchado "el mensaje" de la calle pero no anunció ningún cambio.

A la luz de sus propias cifras, los sindicatos calificaron la jornada de éxito y pidieron al Ejecutivo "acciones concretas" para atender sus reivindicaciones sobre el empleo y el poder adquisitivo, sus dos reclamaciones de la jornada.

"Esperamos del Gobierno que sea más exigente con las empresas y que controle la utilización de los 22.000 millones de euros de ayudas que da todos los años, sobre todo para empleo y sueldos", afirmó el secretario general del sindicato CFDT, François Chéreque.

Los sindicatos se mostraron particularmente satisfechos de los 150.000 manifestaciones de París, los 100.000 de Marsella y los 50.000 personas de Burdeos, cifras que la policía rebajó a 30.000, 20.000 y 26.000, respectivamente.

En Marsella y Córcega, los manifestantes sumaron a sus reclamaciones la oposición a la privatización de la naviera pública SNCM, que une la isla mediterránea con el continente y que se encuentra paralizada desde hace dos semanas por una huelga.

Incidentes en Ajaccio

En Ajaccio, capital del sur de Córcega, donde el conflicto laboral adquiere tintes nacionalistas, la manifestación terminó con enfrentamientos entre un grupo de jóvenes encapuchados y las fuerzas del orden, los únicos disturbios registrados en la jornada.

Más allá de la guerra de cifras, las movilizaciones provocaron problemas en los transportes públicos, las escuelas y otros servicios, como Correos y las empresas estatales de luz y gas.

El tráfico aéreo no se vio afectado en los vuelos de largo recorrido, pero sí unos 400 domésticos y los que despegaron lo hicieron con retrasos de hasta una hora y 40 minutos de media en Orly y de media hora en Roissy-Charles de Gaulle.

El paro tuvo poca incidencia en los trenes internacionales, donde sólo se suspendió un Eurostar con destino a Londres y uno de cada tres trenes con destino a Ginebra. El resto de las conexiones con España, Italia y Suiza funcionó con normalidad. En el metro parisiense, ocho de las catorce líneas sufrieron perturbaciones y en los autobuses también hubo problemas en la mayor parte de las ciudades.