Más de 65 millones de soldados, de ellos 11 millones de alemanes, se vieron enfrentados a una gigantesca maquinaria bélica. La catástrofe dejó unos 8,5 millones de muertos, más de 21 millones de heridos, unos 7,5 millones de prisioneros de guerra y desaparecidos. Para la población civil, azotada por el hambre o forzada a huir, el sufrimiento fue inmenso.

El fin de la guerra significó al mismo tiempo el fin de tres monarquías: el imperio zarista ya se había convertido tras la Revolución de Octubre de 1917 en una república socialista soviética; Austria, o lo que quedaba del Imperio Austro-Húngaro, y el Imperio Alemán se transformaron en democracias parlamentarias. El Imperio Otomano también se desintegró y dio paso a la Turquía moderna.

La Primera Guerra Mundial terminó oficialmente con la firma de una serie de tratados en localidades cercanas a París, siendo los más destacados el suscrito con Alemania en Versalles el 28 de junio de 1919 y el firmado con Austria en Saint Germain-en-Laye el 10 de septiembre de 1919.

En el tratado de Versalles, el Imperio Alemán quedó estigmatizado como único culpable de la guerra. Alemania perdió cerca de la octava parte de su territorio y todas las colonias. El tratado también obligó a Alemania a pagar reparaciones por cientos de miles de millones de marcos oro, dispuso el desarme casi total del país vencido y determinó la ocupación francesa de la región situada al oeste del río Rin.

La derrota de las Potencias Centrales dio lugar a un cambio de las fronteras europeas y al nacimiento de nuevos Estados: Polonia, Checoslovaquia, Hungría y Yugoslavia.