El derrocado dictador Sadam sufre una infección crónica de próstata, pero se niega hacerse una biopsia para comprobar si se trata de un cáncer, reveló ayer el ministro iraquí de Derechos Humanos, Bakhtiar Amin. Los análisis de sangre practicados y las radiografías hechas por médicos militares estadounidenses no demuestran nada más grave que la infección, y el aspecto del tirano es bueno, declaró Amin.