José Manuel Durao Barroso es de aquellos que parecen haber nacido para político. Cuando todavía era un niño, el futuro presidente de la Comisión Europea repartía en la calle octavillas contra la dictadura que entonces mantenía atenazada a Portugal. Corría 1969 y Zezinho, como lo llamaba su madre, tenía 13 años. Uno de sus juegos predilectos era idear gobiernos. "Desde entonces nunca más pude librarme de ese virus", diría después el hasta ahora primer ministro portugués.

Lo cierto es que ya antes de que la Revolución de los Claveles acabara en 1974 con el régimen, Durao Barroso, en su época de estudiante de Derecho, se afilió al Movimiento Reorganizativo del Partido del Proletariado (MRPP), una organización maoísta surgida cuatro años antes en la clandestinidad. "Veiga" era su alias. Su militancia en la extrema izquierda, empero, no duró mucho. Abandonó el partido en 1977 y a partir de ahí inició una mudanza ideológica al final de la cual se transformó en un político conservador de tendencias neoliberales.

El gran salto a la política lo dio de la mano de su mentor, el primer ministro Aníbal Cavaco Silva, en el poder entre 1985 y 1995. En el primer Ejecutivo, y con apenas 29 años, Durao Barroso fue nombrado secretario de Estado de Interior, en 1986 secretario de Estado de Relaciones Exteriores y, seis años después, se convirtió en su titular.

Con él a la cabeza, el PSD encajó varias derrotas en las urnas, hasta vencer en las elecciones municipales de 2001, victoria que llevó a la dimisión de Guterres y a unas legislativas anticipadas en 2002 que auparon a Durao Barroso a la jefatura del Gobierno.